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Relatos encadenados: a la luz de la vela.

Eslabón anterior.

Miguel suspiró aliviado. Aquella noche no dormiría caliente.
-Pues esto ya está –dijo el instalador descendiendo de la escalera-. Ya tiene puesto el aire acondicionado. Solo falta probarlo –sacó un mando a distancia de la caja de cartón dirigiéndolo al aparato. Éste empezó a funcionar emitiendo una brisa gélida-. Léase el manual de instrucciones antes de utilizarlo. Si tiene algún problema me avisa.
El operario le tendió a Miguel una tarjeta de visita y salió de su piso llevándose todas las herramientas. “Por fin voy a estar fresco”, pensó mientras preparaba la cena. “Ya no sudaré más por la noche. Se acabó el dar vueltas por la cama sin poder conciliar el sueño”. Se sirvió una cena ligera y se dispuso a comérsela. Apenas tardó veinte minutos en hacerlo. Cinco más y se encontró echado sobre el lecho, con el mando del aire en la mano. “Vamos allá. Va a ser la mejor noche de mi vida”. Apretó el botón de encendido. Acto seguido las luces del dormitorio se apagaron. Miró a su mesita de noche pero su despertador tampoco daba señales de vida. “¿Habrá saltado el automático? Tendré que ir a mirarlo. ¿Dónde guardaba yo las velas?” Rebuscó entre todos los cajones hasta que al final las encontró. Cogió una, la encendió y fue hacia el cuadro de mandos. “Que raro. Todo está bien. Entonces habrá sido en el edificio”. Abrió la puerta de su casa y salió al pasillo. Todo estaba a oscuras a excepción del espacio que bañaba la tímida luz que arrojaba la vela. “Pues sí. Debe faltar la electricidad en todo el bloque. Solo me queda volver al piso y esperar a que vuelva”. Estaba a punto de hacerlo cuando la puerta de su vecina se abrió repentinamente. A juzgar por la cara de la chica el susto al encontrarle allí sosteniendo una vela fue mayúsculo.
-Tranquila. Soy Miguel. No te asustes.
-¡Que no me asuste! Casi se me sale el corazón –se acercó hasta donde él se encontraba. Su mirada era de pánico-. ¿No hay luz?
-No. Parece que se ha ido en todo el edificio –hizo una pausa mientras la observaba-. ¿Estás bien?
-Solo un poco asustada. Me da miedo la oscuridad. Mucho miedo…
-Vaya. Pues no sé cuando tardará en volver. ¿Estás sola? –Miguel deseó con todas sus fuerzas que fuera así. Desde que entró en aquel piso había querido intimar con ella. Y ésta era una oportunidad caída del cielo-.
-Sí. Desgraciadamente sí. ¿Y tú?
-Yo también lo estoy –“¿me atrevo o no me atrevo? ¿A que santo tendría que ponerle esta vela?”-. Si quieres… Puedo acompañarte. Para que no pases tanto miedo.
-No te diré que no –la cara de la chica se relajó considerablemente-. Yo acabo de cenar. ¿Tú has comido ya?
-Sí. Estaba a punto de irme a la cama.
Cerró la puerta de su casa, asegurándose que tenía las llaves, y entró en la de su vecina, siguiendo los pasos de ésta. Sostenía la vela en alto procurando que su luz se extendiera lo máximo posible. “¿Cuántas veces habré soñado con entrar en esta casa?”. La decoración era sencilla y minimalista, señal de que la dueña pasaba por una temporada de vacas flacas. Pero eso a Miguel no le importaba. Estaba dentro de su sueño deseando que la electricidad no acabara despertándole.
-¿Nos sentamos en el sillón? –preguntó ella-.
-Vale.
Ambos se aposentaron dejando la vela en una mesita próxima. Acto seguido iniciaron una amigable conversación que bien podría haber durado horas. Pero apenas hablaron durante unos minutos. Un estruendo repentino, proveniente del pasillo del edificio, les interrumpió. La vecina, asustada, se echó en brazos de Miguel buscando protección. Éste se la brindó. Pero le regaló algo más. Sucumbiendo a un impulso que le dictó el corazón le besó con pasión, deseando que ella no se apartara. Y no lo hizo. Sin que apenas se dieran cuenta se enzarzaron en una pelea de labios donde ninguno de los dos era claro favorito.
-Perdona si te he molestado –dijo Miguel separándose ligeramente-. Espero que ya no tengas miedo.
-No tienes que pedirme perdón –dijo ella. Su mirada estaba encendida y sin ningún resto de temor-. Ahora que estoy contigo se me ha pasado todo lo demás.
Miguel miró de reojo el reloj del Dvd. Éste Había comenzado a parpadear. Pero eso ya no importaba.

Siguiente eslabón.


Comentarios

4 comentarios

rakel

me encantan esas cosas, que bueno!
lo estaba leyendo y me lo imaginaba! que envidia de plan, hace tanto que no me pasa algo tan guay qie ya ni me acuerdo…
escribeme algo que dure un poquito mas…porfa!
(has visto que caradura tengo?!)
jajaja
bjs!

Iván

Seguro que el destino te reserva algo bueno. Casi puedo verlo… Mmmm… Quizá mañana. Me sale en mi bola de cristal… 😛
No sabes la ilusión que me hace que te guste. Ésta es de mis preferidas, aunque no supera a la del gorrión.
Ah! Estoy escribiendo una historia algo más larga. Retomo a unos personajes que ya utilicé, los de insinuaciones en el parque, pero 40 años más adelante. Un historia algo futurista… Próximamente en sus pantallas!! QUe bien queda.
También hay bastante escrito. Te recomiendo la de perdidos en la nieve. Es la más larga y la que más me costó.
Un saludo!

rakel

nads, que no encuentro la de la nieve. enlazamela por ahi, o dime donde la has puesto, anda, que tengo curiosidad. eso si, he leido la de los primos en el parque, y jo! esto no se hace! que con estos calores…uff! en serio, que gustito!
jajajajajajaja

Iván

Está en relatos. Pero te la enlazo.
atrapados por la nieve
a ver si te gusta


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