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Relatos encadenados: videoconferencia.

Eslabón anterior.

-Antes me llamaba Marta.
-¿Antes de ponerte Martika?
-Sí –respondió ella a través de la pantalla. Tardó casi un minuto en volver a dar señales de vida-. Cuando instalé por primera vez el Messenger me puse como Nick mi nombre verdadero.
-Así que realmente te llamas Marta –no sabía que escribir a continuación-. Igual que mI madre.
-¿Ah sí? Tu abuela eligió un bonito nombre.
Cogí el ratón y desplacé la ventana hasta el comienzo de la conversación repasando todo lo que habíamos escrito. “Nada fuera de lo común”, pensé. “Donde nacimos, nuestra edad, la música que nos gusta. Nos hemos mandado nuestra foto”. Maximicé el retrato hasta colocarlo a pantalla completa. “¿Será así de verdad? Está demasiado buena como para creérmelo. Seguro que me ha enviado una foto falsa. No sería la primera vez”. Hice un breve recorrido por mi memoria recordando mis últimas relaciones por internet. Ninguna coincidía con la imagen previa. “Pero que más da. Con mucha suerte lo máximo que conseguiré es un polvo virtual. Además. Yo tampoco le he enviado una foto verdadera”. El Messenger parpadeó desde mi barra de tareas. Era Martika.
-¿Estás ahí? –eran sus últimas palabras-.
-Sí –“¿Cómo podría conducir la conversación hacia el sexo?”. Conecté la webcam al puerto Usb y esperé a que el portátil la reconociese-. ¿Hacemos una videoconferencia
Temí haber sido demasiado directo. Y, a juzgar por lo que tardaba en contestar, parecía exactamente eso. “Da la impresión que, aunque nos hayamos conectado expresamente para eso, le espante la idea de vernos en tiempo real. Bueno. Casi mejor. No tendré que darle explicaciones acerca de mi aspecto verdadero. Aunque me quedaré con las ganas de saber si sus cuarenta y cinco años estaban realmente tan bien llevados. En fin. Será mejor apagar el Messenger y salir de la habitación a cenar algo. Ahora que parece que mis padres se han ido a la cama”. Un mensaje sugerente aparcó mis pensamientos.
-Creí que no lo ibas a decir nunca. Hemos contactado para eso. Además…
-¿Además que? –pregunté después de una nueva pausa sin que escribiera. Estaba impaciente ante el momento que se avecinaba-.
-Además… Ya estoy casi desnuda.
Inmediatamente después el mensaje de aceptación de la videoconferencia saltó a mi pantalla. Cogí el portátil, lo deposité sobre la cama, procurando que la webcam me enfocara correctamente y me senté a su lado admitiendo la petición. Un cuadro se amplió mostrando la pantalla de carga. “¡Ahí está!”. El torso de una mujer irrumpió en mi pantalla vestida solo con un sujetador negro que cubría ostentosamente sus pechos. La imagen se movió bruscamente durante unos segundos hasta que la dueña de la cámara consiguió ajustar su posición mostrando también su rostro. Y una vez lo vi deseé con todas mis ganas no haber iniciado nunca esa conversación. La sorpresa me dejó paralizado y sin respiración, incapaz de creerme lo que veían mis ojos. Y no era el único.
-¡MAMÁ!


Eslabón siguiente.


Comentarios

2 comentarios

rakel

ola!
jajajajajajajajaja
uau! que bueno, no me lo esperaba. si te digo la verdad, pensé que ibas a contar una de esas cochinadas virtuales, jajajajajaja
mucho mejor, lo otro está mas visto (quiero decir que me suena, no por propia esperiencia….:P jeje).
bjs

Iván

No por propia experiencia? 😛
Je.. Me alegro de haber conseguido lo que buscaba. No sabía si realmente podía enlazar el final con el principio al no destacar demasiado el papel de la madre. Pero la verdad es que desde la segunda frase ya se puede intuir. Pero claro. Ambos mienten. Quién no lo ha hecho en internet? Mira que llevo años conectado y jamás he tenido ningún encuentro virtual. Aunque no creo que me pierda demasiado. Como las de verdad….
😛


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