Presiona ENTER para ver los resultados o ESC para cancelar.

Empareja2 (12) – Proposición por sorpresa (parte 1).

-¿Estás segura de lo que vas a hacer? –preguntó Thaïs. Marta la miró dubitativa. Pero en su mirada se reflejaba la decisión de una elección bien tomada-. Jamás pensé que te iba a ver en ese tipo de castings. Siempre has dicho que no te atrevías.
-Parece que no me conoces tan bien –dijo su amiga afianzando el paso-. Date prisa o llegaremos tarde.
-Contigo siempre llegamos tarde a todos los sitios –Thaïs se detuvo unos segundos para recuperar la respiración-. ¿Y Sergio? ¿Se lo has dicho?
-No le he dicho nada. Mejor que no lo sepa. No se como se lo puede tomar –Marta estiró del brazo de su amiga para retomar la carrera-. Además. Es un simple casting. Las posibilidades que hay de que lo pase son mínimas.
-Puede que sean mínimas. Pero creo que deberías habérselo dicho. Y te tendría que haber acompañado.
-No hubiera podido. Está trabajando.
-¿Sí? –preguntó extrañada Thaïs-. ¿Desde cuando trabaja?
-Solo desde ayer. Se metió en una pizzería. Al menos hasta que encuentre algo mejor.
-¿En una pizzería? –preguntó riendo. Continuó hablando en tono irónico-. El que siempre se burló de tus trabajos en los restaurantes de comida rápida. Y ahora está él en uno.
-Ya ves. La de vueltas que da la vida –Marta se detuvo ante la portería de un edificio antiguo. Su amiga estuvo a punto de chocar con ella-. Es aquí. A ver en que piso era –sacó un diminuto papel garabateado-. Tercero segunda. Me temo que habrá que subir a pie. Me dijeron que no había ascensor.
-¡Joder! ¡Lo que faltaba! –unos gruesos goterones de sudor resbalaban por la frente de Thaïs. Sacó un pañuelo de papel para enjugárselo-. Encima tengo que subir andando. Es la última vez que te acompaño a una entrevista de trabajo.

—————————————————————-

Sergio miró el reloj de su muñeca comprobando fastidiado que había llegado la hora de empezar su turno de trabajo. Se metió la camiseta por dentro del pantalón, se ajustó el delantal a la cintura y, colocándose la gorra en la cabeza, salió del vestuario. “Espero que se pase rápido “, pensó. “No tengo ningunas ganas de servir pizzas”. Saludó a sus compañeros y se internó en la barra. Por fortuna era una hora tranquila. Ningún cliente esperaba su comida. “Desayunaré mientras recojo las bandejas”. Preparó una taza y la colocó bajo la cafetera, previamente cargada de café recién molido. Pulsó el botón. Segundos después paladeaba la bebida. “¿Por qué tendré tan mala suerte? ¡Mierda! Si mi orgullo no me lo impidiera dejaría que nos pagaran la boda los padres de Marta. Si al menos mi madre nos hubiese dejado algo de dinero… ¿Podría pasarme algo peor?”. Miró al frente divisando una cara conocida. Deambulaba indeciso ante la entrada del restaurante. “Que no entre por favor. Que no entre”. Pero Sergio no tuvo tanta suerte. Ángel, tras cerciorarse que era aquél el restaurante que buscaba, se adentró en su interior dirigiéndose hacia el mostrador. Sergio se dio la vuelta deseando que pasara de largo.
-Perdona –preguntó el recién llegado. No obtuvo respuesta-. Oye. ¿Trabaja aquí un tal Sergio?
Éste continuó unos segundos ignorando a su ex compañero de trabajo. Pero la paciencia se le agotaba.
-Te estoy hablando a ti. ¿Estás sordo?
-¿Ángel? –preguntó Sergio tras girarse. Notó como la vergüenza calentaba sus mejillas-. No te había escuchado. ¿Qué haces aquí?
-¿Qué hago yo aquí? –preguntó su amigo irónicamente-. Que haces tú. Sí que has caído bajo. Tener que servir pizzas con el nivel que tienes.
-No encontré nada mejor –se excusó Sergio-. Tenemos que pagar la boda. Y hasta que no tengamos dinero para pagarla, o pille otro trabajo, me toca seguir aquí. ¿Cómo sabías donde estaba?
-Llamé ayer a tu casa y me lo cogió Marta. Me dijo que habías empezado a trabajar –Ángel se apoyó en el mostrador con una sonrisa que le surcaba por completo la cara. Se encontraba cómodo con la posibilidad de burlarse de su amigo-. Y tenía que verte con mis propios ojos. Tengo que sacarte una foto para que te vea Miguel. Cuando se lo dije no se lo creía –sacó el móvil y, sin que Sergio pudiera impedírselo, le hizo una foto-. Verás cuando la vea.
-¿Te crees muy gracioso? El día que a ti te pase también me voy a reír en tu cara –la ira se apoderaba poco a poco de su cuerpo-. ¿Has venido por algo más aparte de para burlarte de mí?
-Sí –Ángel retornó el móvil a su bolsillo-. Venía a invitarte a una fiesta.
-¿Una fiesta? –la proposición calmó los ánimos de Sergio-. ¿Qué fiesta?
-Los compañeros de la oficina montamos una reunión este fin de semana. Y pensamos que era buena idea que vinieras. Siempre que tú quieras, claro. O no tengas que servir pizzas.
-Al final vas a comerte una. Pero empezando por la caja.
-No te enfades –Ángel sacó su cartera y extrajo de ella una pequeña tarjeta. Se la alcanzó a Sergio-. Ése es el restaurante. También está la dirección. Es este sábado a las diez de la noche.
-No se si podré ir. Tendré que hablarlo con Marta.
-Bueno. Tienes mi móvil. Si no puedes dame un toque –volvió a guardar la cartera-. También vendrá Idoia.
Aquel nombre revolvió la memoria de Sergio. No había vuelto a pensar en ella desde el día en que se marchó de su antiguo trabajo. Y su posible reencuentro espoleó las ganas de participar en la reunión.
-Me apetece volver a verla –dijo abstrayéndose en su imagen. La recordó desnuda, tal y como la había visto las pasadas navidades. Continuó, fanfarroneando-. Aunque la veré vestida. No he pasado mejor noche con una mujer en toda mi vida.
-Que suerte tienes, cabrón –Ángel envidiaba a su amigo. Creía a pies juntillas todo lo que contaba. Y le adoraba secretamente por ello-. Mira que yo lo he intentado. Pero no se ha dejado nunca. Es tan fría como guapa.
-¿Fría? Créeme. Si tú la conocieras como yo no dirías que es fría. Más bien todo lo contrario. Ardiente como un volcán en erupción.
La conversación era tan absorbente que Sergio no se dio cuenta de que se le amontonaban los clientes. Una pequeña fila aguardaba impaciente a ser atendida. El encargado salió a reprenderle.
-Deja de hablar y ponte a trabajar –le dijo al oído-. Si no quieres acabar en la calle.
-Perdona –dijo Sergio-. No me había dado cuenta –acto seguido se dirigió a una caja preguntándole al primero de la fila-. ¿Qué desea?
-Un menú desayuno, por favor. Con zumo de naranja.
-En seguida –marcó el pedido y se dispuso a prepararlo. Antes se despidió de su amigo-. Tengo que dejarte. Nos vemos en la fiesta.

—————————————————————-

-¿De que agencia vienes? –preguntó la mujer que les había abierto la puerta. Llevaba una libreta en la mano-.
-De Garbo –respondió nerviosa Marta-. Me dijeron que viniese a las diez. Pero he tenido un problema que me ha retrasado un poco.
-No te preocupes –la mujer buscó entre todos los nombres que tenía apuntados tachando el suyo una vez lo hubo encontrado. Después le dio un pequeño papel con el número treinta y uno impreso en él-. Todavía no habíamos empezado. Te estábamos esperando –se apartó de la puerta indicándoles con gestos que entraran dentro del piso-. Seguidme.
Marta y Thaïs la siguieron hasta una amplia estancia repleta de mujeres. Estaban organizadas por grupos hablando en voz alta entre ellas. El barullo se calmó momentáneamente una vez entraron.
-Esperad aquí. Os llamarán por el número.
-¿Estás nerviosa? –preguntó Thaïs cuando se sentaron en los dos únicos asientos libres. Observó a las chicas. Todas eran jóvenes y esculturales-. Parece que vas a tener competencia.
-Ya veo –respondió Marta tras fijarse también en sus contrincantes-. Bueno. Si no me cogen seguiré intentándolo. No puedo hacer otra cosa –hizo una pausa mientras observaba el atuendo de las chicas-. ¿Crees que tendría que haberme puesto ropa más sexy?
-No lo sé –Thaïs comparó los pantalones y camisa de su amiga con las minifaldas y tops ajustados del resto de las féminas. Sacó una conclusión pero prefirió no compartirla con Marta-. Supongo que no importa como vengas vestida. Sino como poses en ropa interior.
-Supongo que tienes razón –una punzada de temor recorrió su cuerpo. Había olvidado la razón del casting. Y el solo hecho de imaginarse posando semidesnuda la sumió en nervios-. Ahora no estoy tan segura de querer hacerlo.
-Veo que realmente sí que te conozco bien. Ya sabía yo que no lo habías pensado completamente.
-Sí que lo pensé. Y estaba convencida. Pero ahora no lo veo tan claro.
El tiempo pasaba lentamente para las dos amigas. Thaïs miró por enésima vez el reloj comprobando fastidiada como solo habían pasado cinco minutos desde la última vez que lo había mirado.
-¡Mierda! Si que pasa despacio el tiempo.
Una de las puertas se abrió cortando momentáneamente la conversación.
-Que pase la diecisiete.

Siguiente…


Comentarios

1 comentario

Joshua

It’s so nice for me to have found this blog of yours, it’s so interesting. I sure hope and wish that you take courage enough to pay me a visit in my PALAVROSSAVRVS REX!, and plus get some surprise. My blog is also so cool! Don’t think for a minute that my invitation is spam and I’m a spammer. I’m only searching for a public that may like or love what I write.

Feel free off course to comment as you wish and remember: don’t take it wrong, don’t think that this visitation I make is a matter of more audiences for my own blogg. No. It’s a matter of making universal, realy universal, all this question of bloggs, all the essential causes that bring us all together by visiting and loving one another.

You must not feel obliged to come and visit me. An invitation is not an intimation. Also know that if you click on one of my ads I’m promised to earn a couple of cents for that: I would feel happy and rewarded (because I realy need it!!!) if you did click it, but once again you’re totaly free to do what ever you want. I, for instance, choose immediatly to click on one of your ads, in case you have them. To do so or not, that’s the whole beauty of it all, however, blogocitizens must unite also by clicking-helping eachother when we know cybermegacorporations profit from our own selfishness regarding to that simple click.

About this I must say, by my own experience, that no one realy cares (maybe a few) about this apeal I make, still I believe in my Work and Dreams and thus I’ll keep on apealing and searching so strong is my will.

I think it’s to UNITE MANKIND that we became bloggers! Don’t see language as an obstacle but as a challenge (though you can use the translater BabelFish at the bottom of my page!) and think for a minute if I and the rest of the world are not expecting something like a broad cumplicity. Remenber that pictures talk also. Open your heart and come along!!!!!


Deja un comentario