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Relatos encadenos: vacío en la memoria.

Eslabón anterior.

“Que más quisiera”, pensó tristemente el padre de la niña. “Puede que mi escote engañe a algunos si no se fijan. Pero bajo mis bragas no encontrarán lo que andan buscando”.
-¿Que piensas? ¿En el piropo que te ha echado ese loco? Debe de estar ciego.
“No puedo confesárselo. Sé que la destrozaría. Mi hija no se merece que le destroce la vida”.
-Pensaba en lo a gusto que me encuentro en este hotel –echó una mirada alrededor. El sol bañaba los árboles del jardín calentando furiosamente sus copas. No era un agosto demasiado caluroso pero, aún así, era imposible alejarse más de unos metros de una sombra-. No se cuanto tiempo llevo viviendo aquí pero estoy tan cómodo como en casa.
-Llevas casi un año en este sitio. Desde que ocurrió el accidente.
La palabra golpeó al hombre provocándole un dolor inmenso. El recuerdo del hecho le alteraba. Pero aún le resultaba más doloroso saber que su hija conocía parte de su secreto.
-¿Qué sabes tú del accidente? No tendrías que recordarlo. Eras muy pequeña.
“¡No me lo puedo creer! ¡Todos mis esfuerzos han sido en vano! Este vestido humillante que he tenido que llevar todos estos años para que ella no se diera cuenta de que su madre estaba muerta. ¡Tanta vergüenza que he pasado para nada! ¡Para nada!”. Apartó la mirada esquivando los ojos de su acompañante y la fijó en el hombre que le había piropeado. Tenía un comportamiento extraño que hizo que por unos segundos se distrajese de su preocupación. “¿Qué hace ese tío gritando en medio del jardín? Parece que está loco”.
-Le ha debido dar algún ataque. No tardarán en venir los enfermeros. ¿Te quitarás algún día la ropa de mujer para vestir de manera normal? Me da vergüenza verte así. Tendrían que obligarte a ponerte otra ropa.
-¿Obligarme? ¿Quién me va a obligar? Lo he hecho por tu bien. Sé que quizá no lo entiendas. Pero he intentado ocupar el puesto de tu madre. Te lo tendría que haber confesado mucho antes pero me ha sido imposible. Te quiero tanto que no soportaba hacerte daño.
-No te preocupes. Ya lo hemos hablado muchas otras veces. Aunque tú ya no te acuerdes –miró el reloj de su muñeca. La cara de la chica cambió del cansancio al fastidio-. Ya es demasiado tarde. Tengo cosas que hacer –se colgó el bolso e hizo ademán de levantarse-. Supongo que vendré mañana.
-Espera. No puedo dejar que te vayas sin terminar de decirte todo lo que mantengo en secreto. Aquella noche… La del accidente. Fue culpa mía. Había tomado un par de copas de más y en aquella curva –recordó una vez más el instante en el que perdía el control del vehículo. Lo último que vieron sus ojos fue la ladera de la montaña justo antes de desplomarse al precipicio-… No pude controlar el coche –lloró desconsolado mientras se ocultaba tras las palmas de sus manos-. Caímos por la montaña. Y… Tu madre… No tenía puesto el cinturón y en una vuelta de campana… Salió despedida…
-No te preocupes –la joven se había levantado pero se agachó para tratar de consolarle-. Eso ya pasó. Ya no vale la pena preocuparse por ello.
-Claro que me preocupo. Eras tan pequeña. Tan frágil. Que no pude soportar la idea de que hubieras perdido a tu madre. Así que me hice pasar por ella. Dejé mis pantalones para cambiarlos por sus faldas. Sé que te resultará extraña mi manera de actuar. Pero no se me ocurrió otra manera de evitarte el sufrimiento.
-Ya te he dicho que no tienes que preocuparte. Aquí se encargarán de ayudarte a superar el dolor. Y tus paranoias. El psiquiatra me ha dicho que estás respondiendo bien al tratamiento. Todavía queda mucho por andar pero el camino empieza a volverse llano.
-¿Psiquiatra? –volvió a mirar al hombre de los gritos. Otras dos personas, ataviadas con una bata blanca, luchaban por reducirle-. ¿Dónde estoy?
-No te preocupes. Estás en un psiquiátrico. Aunque dentro de poco podrás volver a casa –la joven cesó de consolarle y se alejó unos pasos. Entonces se giró para despedirse-. Mañana volveré a estar un rato contigo. Aunque no recordarás nada de lo que hemos hablado hoy. No lo sabes pero tu memoria se borra cada día. Eres incapaz de retener ciertos recuerdos.
El hombre quedó inmóvil en el banco, repitiendo mentalmente las últimas palabras de su hija. “No recordarás nada. ¿No me acuerdo de nada? ¿Mi memoria se borra cada día?”.
-¡Mamá no murió en el accidente! –gritó la chica desde la distancia-. ¡Te abandonó!

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Comentarios

4 comentarios

rakel

ola!
asi que era eso? andaba un poco perdida al inicio, pero ya está todo aclarado.
en serio, cada vez lo tengo más claro, deberías hacer un corto con tus guiones (a mi se me ocurre cuando los leo…bueno, es una idea, a mi me gusta verlo en mi cabeza, y yo me veo en algo asi, tu no?);P

Iván

Está un cogida por los pelos. Lo sé. Fuen una paranoia mía que pensé que quedaría bien. Aunque luego no he quedado muy contento con el resultado. Pero no quería repetir personaje transexual. Y, siendo así, resultaba difícil.
Lo de los guiones… Yo he intentado convencer a mi hermana, que es actriz. Pero de momento anda la cosa chunga. Desde aquí lanzo la sugerencia: si algún director quiere convertir algo en corto yo soy su guionista. ;P

rakel

hecho!
tenemos que hablarlo, a ver si conseguimos algo potable y lo presentamos en algún sitio.
lo digo en serio, es algo que siempre quise hacer (como lo del viaje en globo, plantar un árbol, escribir un libro…)
;P

Iván

Aquí me tienes para lo que quieras, Rakel. Siempre me ha encantado ese mundo.
Te falta tener un niño. Lo del globo no lo había oído nunca. Pero debe ser una maravilla.


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