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Empareja2 (14) – Perdiendo las costumbres (parte 1).

-¿Cómo has conseguido convencerla? –susurró Marta al oído de Sergio aprovechando que la madre de éste caminaba unos pasos por delante-. Todavía no me puedo creer que quisiera venir a mi casa.
-Tuve que ser persuasivo –respondió Sergio también susurrando-. Le dije que te habías quedado embarazada y…
-¿¡Qué!? –gritó Marta olvidando el secretismo que habían adoptado-. ¿¡Le dijiste que estaba…!?
-¡Cállate! –Sergio logró taparle la boca justo cuando su madre se volvía para mirarles. Ésta se detuvo durante un segundo pero volvió a emprender el paso. Sergio continuó susurrando-. No me creyó. Le dije que si quería ver a su nieto tendría que aceptar nuestra boda. Pero no se creyó que estuvieses embarazada.
-¿Y entonces?
-Le juré por mi padre que si no aceptaba lo que nosotros queríamos me haría la vasectomía y entonces sí que no podría ser abuela.
Marta miró con incredulidad a Sergio. Jamás le había visto tanta determinación como para enfrentarse incluso a su propia madre. “Nunca imaginé que quisiera llegar a casarse conmigo”, pensó. Sintió una profunda punzada de culpa. “Y le he sido infiel. No le merezco”. Las lágrimas lucharon por abrirse paso aunque logró contenerlas. Excepto una que resbaló solitaria por su mejilla como una diminuta perla cristalina.
-¿Por qué lloras? –preguntó Sergio enjugándole la lágrima-.
-No pensé que fueras capaz de mentir de esa manera por mí –respondió Marta tratando de sobreponerse-. Con el respeto que le tienes a tu madre –hizo una pequeña pausa-… Y encima jurando por tu padre.
-Por ti haría cualquier cosa.
Sergio abrazó con fuerza a Marta tratando de no perder el equilibrio mientras caminaban. Se sentía terriblemente mal por su infidelidad y buscaba cualquier excusa para enmendarla en secreto. “Le ha emocionado que mintiese a mi madre”, pensó. “¿Qué pasaría si le contase lo de Idoia? Seguro que me mata. Y con razón. Aunque Puede que el disgusto la matase a ella”.
-Es en este portal, mamá –la madre de Sergio se detuvo ante el edificio que tenía a su izquierda. Poco después llegaban él y Marta-. El tercer piso.
Marta llamó al telefonillo y, tras el chirrido correspondiente, empujó la pesada puerta de metal. Subieron al ascensor y, segundos más tarde, llamó al timbre de su casa.
-¡Feliz Navidad! –gritó la madre de Marta una vez hubo abierto la puerta. Esbozó una amplia sonrisa al tiempo que estrujaba a su hija en un abrazo-. ¿Qué tal, Sergio?
-Bastante bien –respondió él mientras recibía el obligado apretujón. “Es la primera vez que no lo hace desnuda”, pensó aliviado-. Quiero presentarte a mi madre –dijo cogiéndola de la mano y obligándola a avanzar desde la retaguardia-. Mamá ésta es Laura.
-Encantada –dijo la madre de Sergio mientras intercambiaba dos besos con la madre de su futura nuera. Intentaba forzar un gesto de simpatía aunque se parecía más una mueca grotesca-. Yo soy Arcadia.
-Mucho gusto –dijo Laura mientras cerraba la puerta-. Pasad. Solo faltan Rafael y Lucía.
Los cuatro avanzaron lentamente por el pasillo hasta llegar al comedor. Una vez allí Marta y su madre se adelantaron mientras la primera se prodigaba en besos y saludos con los que allí se congregaban. Sergio notó como su madre le agarraba del brazo y trataba de decirle algo al oído.
-¿No decías que estarían desnudos? –preguntó-.
-Marta ha debido de hablar con ellos –respondió Sergio. “Afortunadamente”, pensó-. Son naturistas y por casa suelen ir desnudos. Lo de hoy es una excepción.
La algarabía acabó por atraparlos a ambos. Tras muchos saludos, deseos de fin de año, y los obligados besos y abrazos, fueron escogiendo su sitio en la mesa. Ésta estaba repleta de diversos aperitivos, todos ellos intactos. Parecían estar gritando un “cómeme” al unísono pero todos los comensales contenían su apetito a la espera de los ausentes.
-¿Cómo van los preparativos de boda? −preguntó Luis dirigiéndose a su hermana-. Mamá me ha dicho que al final Sergio y tú os casáis.
-Todo va perfectamente –respondió Marta. No pudo evitar una nueva oleada de culpa. Sergio también la sintió. A la madre de éste se le revolvió el estómago-. Estamos tratando de ahorrar lo que nos falta para el banquete.
-Ya te dije que os lo pagábamos nosotros –dijo el padre de Marta. Éste presidía con majestuosidad la mesa-. No os tenéis que preocupar por eso.
-Es cosa nuestra, papá –continuó Marta-. Además. No nos apetece hacer la ceremonia en una playa nudista.
-Solo sería una mera formalidad. Una manera de cumplir con nuestras costumbres.
-Déjalo ya –dijo la madre de Marta dirigiéndose a su marido-. Ellos son lo suficientemente mayorcitos para saber lo que quieren hacer –el timbre de la puerta sonó atronador-. Ahí están Rafael y Lucía. Voy a abrir la puerta.
Laura se levantó de la mesa dejando al comedor en silencio. Aunque no por mucho tiempo. Segundos después la conversación se reanudó.
-¿Sabéis que me han vuelto a ascender? –comentó Luis con orgullo-. Ahora formo parte del consejo de administración de la empresa –una cascada de elogios inundó su ego-. Cada vez estoy más cerca de dirigirla.
Rafael y Lucía hicieron aparición en el comedor interrumpiendo el momento de gloria de Luis. Éste cedió con pesar el protagonismo.
-¡Feliz año! –gritó Rafael. Todos correspondieron en voz alta-. Por fin hemos llegado. No sabéis lo complicado que es aparcar.
Una nueva tormenta de afectuosos saludos y todos recuperaron su puesto en la mesa. Rafael y Lucía se sentaron juntos en uno de los costados de la mesa. Junto a ellos se sentaba Luis. Enfrentados a los tres se encontraban Marta, Sergio y la madre de éste.
-¿Qué tal estáis? –preguntó Marta a los recién llegados-. ¿Cómo os va lo que llevamos de año?
-De momento no va mal –respondió Rafael mirando a su novia. Buscaba complicidad con Lucía pero ésta no estaba por la labor. Parecía encontrarse ausente-. Al menos no está siendo peor que el anterior. ¿Y cómo lleváis lo de la boda? –preguntó sonriendo-.
-Otro igual –respondió Marta. Empezaba a agobiarse ante tanta insistencia con el mismo tema-. Ya he dicho antes que estamos ahorrando para pagarla.
-Pero antes nosotros no estábamos. Y mamá me dijo que no ibais a dejar que os la pagaran.
-¿Y cuando os casáis vosotros? –contraatacó Marta. La sonrisa de su hermano se esfumó. Lucía seguía ausente-. Seguro que tampoco haréis la ceremonia nudista. Con lo poco que le gustan a ella estas cosas…
Marta se dio cuenta tarde de lo inoportunas que podrían ser sus palabras. Ninguna reunión familiar se consideraba como tal si no había una discusión entre Lucía y su suegro. Y el tema del naturismo solía ser el que ambos enarbolaban. Una atacándolo mientras el otro lo defendía a ultranza. Un silencio incómodo se apoderó del comedor a la espera del desencadenamiento de la guerra. Pero no sucedió. Lucía parecía no escuchar la conversación mientras que su suegro, a pesar de estar preparado, no tuvo la necesidad de defender su postura.

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Comentarios

3 comentarios

Ilión

Ey, ey, ey…….. ¿qué le pasa a Lucía? 😉

jaja. Muy bien!!!! Ahora me pica la curiosidad, y has desviado la atención de Sergio y Marta…

Iván

Intriga… La verdad es que Lucía es un personaje que he desaprovechado. Quise darle carácter y al final perdió protagonismo. Luego la hice transmutar en Thaïs, añadiéndole una vena algo más canalla. Y Lucía… Mmmm. mejor lo dejo para mañana.
Un beso!

ISOBEL

esto promete!!! mira que se me hacen cortos, un besote.


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