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Empareja2 (14) – Perdiendo las costumbres (parte 2).

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-No parece que tengáis mucha hambre –dijo la madre de Marta cogiendo un langostino de uno de los platos para posteriormente pelarlo-. No he preparado todo esto para que se quede en la mesa.
El resto siguió el ejemplo y pronto recuperaron el apetito y la conversación. Ésta fluyó por una amplia variedad de temas desde la actualidad a los buenos propósitos pasando por los cotilleos familiares. Fue durante estos últimos cuando Luis decidió incidir de nuevo en la futura boda.
-¿Habéis elegido ya un día? –preguntó dirigiéndose a Marta y Sergio. El resto de conversaciones cesó al tiempo que los interlocutores prestaban la máxima atención posible a la futura contestación-. Ya sabéis que soy un hombre muy ocupado y tengo que reservar en mi agenda las fechas con suficiente antelación. Sobre todo ahora que formo parte del consejo ejecutivo de mi empresa.
-¿Y tu boda con la empresa para cuando? –ironizó Marta. Todos rieron menos Lucía y Arcadia. Ambas se mostraban ajenas al diálogo. Aunque la madre de Sergio simplemente disimulaba-. Seguro que no dudarías en chupársela al presidente con tal de escalar más puestos –las carcajadas fueron aún más intensas-. Por cierto. ¿Cómo decías que conseguiste el puesto?
-Tan burra como siempre –comentó Luis totalmente colorado. Miró a su padre buscando la reprobación de su hermana-. ¿Has visto lo que está diciendo, papá?
-No me gusta que hable así –contestó intentando aguantar la risa. Las lágrimas corrían por sus mejillas-. Pero un día es un día. No voy a enfadarme por unos tacos. Además. Deberías dejar de hablar tanto de ti mismo y de tu trabajo. ¿Cuándo vas a echarte novia de una vez? Mira a tus hermanos –continuó mirando alternativamente a Marta y a Rafael-. Ella está a punto de casarse y él seguro que también –Lucía levantó la mirada como activada por un resorte-. Seguro que dentro de poco los dos me regalarán un nieto. ¿Y tú?
-Papá –Rafael intervino en la conversación mientras Lucía le miraba con atención dispuesta a medir sus palabras-… No creo que vayamos a tener hijos. Tampoco vamos a celebrar ninguna boda.
-Ya sé que de momento no –continuó el padre con insistencia-. Pero tarde o temprano lo haréis. Y entonces espero…
-No vamos a casarnos –dijo Lucía secamente cortando a su suegro. Continuó aflojando ligeramente el tono-. No vamos a casarnos ni ahora ni nunca. Vamos a separarnos.
Las palabras cayeron como un jarro de agua helada sobre la familia. Solo Arcadia parecía disfrutar del momento incapaz de disimular una tímida sonrisa. “¿Y por qué no habré venido antes a esta casa?”, pensó. “Es más divertido que quedarse en casa viendo Mira quién baila”.
-Íbamos a decirlo después de cenar pero ya está dicho –dijo Rafael con un hilo de voz. Tenía un nudo en la garganta que también le oprimía el pecho y las ganas de llorar-. Vamos –agachó la cabeza tratando de no mostrar su aflicción-… Vamos a separarnos.
-No te daba tanta lástima la otra noche –dijo Lucía dirigiéndole una mirada asesina-. Cuéntales lo que hiciste –se produjo de nuevo el silencio. La expectación era máxima-. ¿No dices nada? A aquella bien que le hablabas al oído. No te cortaste en toda la noche. Aunque quizá ésta no es una velada tan íntima como para estimular tu lengua. O no te excitamos lo suficiente.
-¡Ya te dije que no significaba nada para mí! –gritó Rafael levantándose de la mesa. Su rostro era una mezcla de rabia, tristeza y arrepentimiento-. ¡Solo es una compañera de la empresa! -Sergio y Marta se revolvieron en su asiento. “Menos mal que no le dije nada”, pensaron al unísono”-. ¡Solo fue una cita! ¡Nada más que eso!
-¿Solo una cita? –ironizó Lucía. También se levantó aunque su presencia imponía más-. Contraté a un detective para que te siguiera. Tengo muchas fotos. Y no solo de besos.
-¿¡Me espiaste!? ¿¡Pero como te atreves a hacerme eso!?
-¡Calmaos ya! –gritó el padre de Marta aporreando la mesa. El menaje dio un ligero brinco sin que se llegara a volcar nada-. Lo que tengáis que solucionar lo hacéis fuera de esta casa. No tenemos por que enterarnos nosotros.
-Ya lo hicimos –replicó Lucía. No tenía ganas de discutir con su suegro y eso le resultaba extraño-. Solo he venido para despedirme de vosotros. Hubiese querido que la comida fuese un poco menos amarga pero ya no puedo hacer nada –agachó la cabeza avergonzada y, ante su sorpresa, se sintió tremendamente triste de abandonar a la que desde ahora era su ex familia política-. Os doy las gracias por lo bien que me habéis tratado todo este tiempo. Y pido perdón por todas las discusiones y mi mal comportamiento –levantó la cabeza clavando la mirada en el padre de Marta. Sus ojos transmitían dulzura y gratitud, sensaciones que jamás le había advertido-. Espero que me perdone por mis enfados, señor Ángel. A partir de ahora le dejaré tranquilo durante las reuniones familiares. No tendrá que verme más.
-Nuestras discusiones ya eran una costumbre, Lucía –dijo su ex suegro. Su voz se quebraba ligeramente-. Y estoy seguro de que echaremos de menos el perderla. Y a ti también –hizo una pausa recogiendo todo el aplomo del que disponía-. Siempre formarás parte de nuestra familia.
Lucía decidió no extender más la agonía de la despedida y, diciendo adiós con la mano, salió del comedor sonándose sonoramente la nariz. La puerta principal ahogó con su eco el ánimo de la familia. Todos estaban sentados, cabizbajos, repasando mentalmente cada segundo de los últimos diez minutos… Y a todos les parecía ya lejano. Como aquella herida que cicatrizó dejando una marca indolora. Y esa marca era el asiento vacío junto a Rafael. Ese vacío que deja una persona querida justo cuando te das cuenta de lo mucho que la querías y te abandona dejándote un incómodo silencio como ultimo regalo. Un silencio que nadie se atrevía a romper. Hasta que Arcadia harta de aguantarlo, y muerta de hambre, preguntó:
-¿Qué hay de segundo plato?


Comentarios

3 comentarios

Ilión

:) Me ha gustado mucho.

Mmmm… la cuestión era hacer la escena, ¿no?

Iván

Je je… Como lo sabes, Ilión. En mi defensa diré que ya estaba planeada así. Tenía pensado, si la encuesta salía de esa manera, liar en la escena también a marta y a Sergio. Pero no salió. Así qué…
Me alegro de que te haya gustado.
Un beso!

Lucía

Cada vez se pone mejor esta historia …

Lástima que mi tocaya desaparezca tan pronto …


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