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Empareja2 (15) – Eligiendo sabores (parte 2).

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La sucesión de platos fue apabullante. Veinte tipos de entrantes solo para abrir boca: croquetas, empanadillas, cuatro variantes de primer plato, acumulando en la mesa tal cantidad de vajilla repleta de comida que a duras penas lograban sitio para colocar algo nuevo. Pero lo conseguían. Y de vuelta a la cocina el camarero acarreaba con los platos vacíos y los suspiros de plenitud de los comensales que eran capaces de escucharse hasta en la barra del bar del otro lado del comedor.
-Yo no puedo más –comentó Sergio ajustándose el cinturón. Las dos mujeres asintieron con la cabeza-. Como siga trayendo más comida me explotará el estómago. Le voy a tener que decir que me lo guarden para el perro.
-No sabía que habían más perros en casa aparte de ti –dijo Thaïs introduciéndose un trozo de jamón en la boca-. Espero que sea un San Bernardo.
-Y todavía quedan los segundos y el postre –comentó Marta. Emitió un grito de terror al ver salir al camarero con otros tres platos-. ¿Nos podías traer una muestra de cada menú? –suplicó Marta cuando depositó la comida sobre la abarrotada mesa-. Estamos repletos y con solo una muestra ya nos haremos una idea de cómo será la ración.
-Sólo queda el chuletón, la pierna de cordero y el rodaballo –apuntó el camarero. Los tres comensales emitieron un suspiro de plenitud-. Puedo traer un plato de cada y repartirlo entre tres. Como tenemos más degustaciones esta mañana no habrá ningún problema. ¿De los pasteles también?
-Para eso ya encontraremos un hueco –dijo Thaïs sonriendo. Marta Y Sergio estuvieron de acuerdo-. ¿Quién se resiste a algo dulce?
El resto de la comida fue algo más ligera. Los platos resultaron ser del tamaño adecuado para esas alturas de la degustación y, entre risas y piques varios, dieron cuenta rápidamente de los tres segundos. Instantes después el camarero recogía la mesa al completo trayendo posteriormente las muestras de pasteles.
-Éste de nata está de muerte –dijo Marta comiendo una cucharada-. De momento es el que más me ha gustado-.
-Por que todavía no has probado el de chocolate –puntualizó Thaïs mientras degustaba tres variedades de pastel alternativamente-. Aunque el de frutas del bosque tampoco se queda atrás. Yo me casaba sólo para hincharme a tarta.
-No sé quién te iba a querer a ti –comentó Sergio iniciando un nuevo ataque-. Si encuentras a alguien que te soporte seguro que es un santo.
-A mí los santos no me gustan –dijo Thaïs atacando a la tarta de chocolate-. Prefiero los demonios. Desde mi punto de vista son más interesantes.
-Por los cuernos, supongo –Sergio se dio cuenta demasiado tarde de lo inapropiadas que podían ser sus palabras. Marta sintió ganas de meterse debajo de la mesa tras una pícara sonrisa que le dirigió su amiga-.
-A mí los cuernos no me van –dijo Thaïs-. Prefiero las parejas liberales donde las relaciones se acuerdan entre ambos miembros de la pareja –hizo una pausa mientras degustaba la tarta de frutas tropicales-. Por cierto. Hablando de cuernos –Marta y Sergio sintieron como la comida se les revolvía en el estómago. Thaïs continuó hablando dirigiéndose a su amiga-. ¿Qué ha pasado con tu hermano? ¿Realmente lo ha dejado con Lucía?
-Sí –contestó Marta dejando la cucharilla sobre uno de los platos de postre vacíos-. Ha sido definitivo. Toda la familia pensaba que acabarían casándose y al final han cortado.
-Nunca se sabe por que caminos te lleva el amor –sentenció Thaïs-.
-Es cierto –prosiguió Marta-. Pero hacían tan buena pareja… Jamás lo hubiéramos pensado. Ni siquiera mi padre que, aparentemente, jamás tragó a Lucía. Y ahora echa de menos las discusiones con su yerna. Que vida más extraña –hizo una pequeña pausa tratando de apartar la tristeza-. Por cierto –continuó dirigiéndose a Sergio-. Rafa me ha dicho que le gustaría quedar contigo.
-¿Conmigo? –preguntó extrañado-. ¿Para qué quiere Rafael quedar conmigo?
-Me dijo que se había quedado solo. Lucía se llevó los amigos que tenían. Y como contigo siempre se ha llevado bien pensó que podías salir con él alguna tarde. Al gimnasio por ejemplo.
-¿Lo pensó él o se lo insinuaste tú? –preguntó Sergio-.
-Ambas cosas. Tampoco creo que te cueste mucho. Además. Por la tarde no trabajas.
-Veré lo que puedo hacer –Sergio degustó un último trozo de pastel de frutas del bosque y apartó el plato hacia el centro de la mesa-. ¡Buf!. No me entra ni un café. ¿Vosotros queréis?
-Estoy llena –dijo Marta-.
-Yo también –afirmó Thaïs-. Aunque un chupito entraría…
-¿Has venido para probar los menús o para emborracharte? –preguntó Sergio con ironía-.
-Para lo primero –contestó Thaïs-. Estando contigo no me emborracharía en la vida. Como para fiarse.
-También ha venido para otra cosa –dijo Marta acallando la rencilla. Continuó dirigiéndose a su amiga-. ¿No querías proponerle algo?
-¿Después de lo mal que se ha portado conmigo? –preguntó Thaïs adoptando un tono lastimero. Sergio la miraba expectante-. Quería ofrecerte un trabajo.
-¿Un trabajo? –repitió Sergio incrédulo-. ¿Vas a ofrecerme un trabajo?
-Así es. Siempre que te interese, claro.
-Cuéntame y te lo diré.
-Ya sabes que trabajo como “freelance” para una empresa de internet. Diseñando webs y creando contenido multimedia –Sergio asintió-. Bien. He decidido montar mi propia empresa y necesito a alguien que me apoye en el diseño de páginas web. Había pensado en ti.
-Pero –Sergio dudó. La propuesta le había sorprendido gratamente aunque no estaba del todo seguro de poder aceptarla-… Hace tiempo que no toco la informática. Y mucho más el “html”.
-No te preocupes por eso –dijo Thaïs-. Puedes reciclarte haciendo unos cursos. Yo te pago la academia. Bueno. La empresa –hizo una pausa mientras miraba a los ojos de Sergio. Éste mantenía la mirada y, aunque hubiese preferido evitarlo, en ella se atisbaba un halo de gratitud-. ¿Qué me dices? ¿Te apuntas?
-Siempre será mejor que hacer bocadillos. Veré lo que puedo hacer.
-Más de lo que espero –apuntó Thaïs-. Estoy segura. Sólo necesitas comprarte un portátil. La mayor parte del tiempo trabajarás en vuestra casa. El resto en la mía. En adelante el domicilio social de la empresa.
-Espero que podáis aguantaros mutuamente –dijo Marta sonriendo-. De todas las combinaciones posibles jamás me hubiera imaginado que fuerais a trabajar juntos.
-La vida da muchas vueltas –sentenció Thaïs-. Mira. Hoy me he levantado filosófica.
-¿Te acostaste con un filósofo? –preguntó Sergio riendo-. ¿O te dormiste leyendo un libro de autoayuda?
-Vais a disfrutar mucho trabajando juntos –dijo Marta. Alzó la mirada observando como el camarero se acercaba libreta en mano-. Espero que no traigas nada más de comer.
-Ya hemos terminado –dijo sacando el capuchón del bolígrafo-. ¿Quieren algún café? –los tres negaron con la cabeza-. Aunque sé que es demasiado pronto, ¿tienen ya el menú decidido?


Comentarios

3 comentarios

Ilión

¿Y por qué creo yo que hay una cierta tensión sexual entre Thais y Sergio?

Besos

Lucía

La verdad es que hoy leyendo esto en lo único que he pensado es en lo lejos que aún queda nuestra degustación de menús …

Esto se empieza a complicar si ahora Thais y Sergio van a trabajar juntos!!

Iván

Es lo que empiezo a meditar, Ilión. No es un mal rollo real. Sergio y Thaïs disfrutan metiéndose el uno con el otro. Aunque no lo parezca los personajes tienen vida. Y en el planteamiento que tengo en la cabeza ellos se mueven por sí mismos.
¿Tanto os queda, Lucía? Lo lleváis con tranquilidad entonces. Cuando te des cuenta estaréis en la mesa probando todas las combinaciones. Ya verás. Espero que no sea tan cómico… 😀


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