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Infimocuentos: prácticas de genio.

-¿De verdad eres un genio? –preguntó el chico mirando a aquella aparición-. ¡No puede ser! ¡No tienes aspecto de genio!
De la lámpara que sostenía en la mano salía una fina columna de humo denso adoptando en el extremo la forma de una persona ataviada con vestimenta oriental. Parecía el típico personaje de cuento de hadas pero había algo que le hacía demasiado extraño, si es que la aparición de un genio no lo era ya demasiado. Bajo el chaleco de piel marrón tenía tatuada sobre el pecho una gran L blanca sobre un rectángulo de color verde.
-¿Te parece extraño? –preguntó el genio tras darse cuenta de que el chico le estaba mirando la L-. Es lo que parece: un cartel de prácticas. Aunque no lo creas los genios también tenemos que pasar por la escuela.
-¡No puede ser! –repitió el chico soltando la lámpara, que cayó con estruendo. La columna de humo se estiró pero el genio permaneció en el sitio, flotando a un metro del suelo-.
-¿Vas a dejar de repetir eso? No tengo todo el día. Tengo clase de materialización de deseos a las –miró su muñeca derecha al tiempo que aparecía un reloj de arena-… Tres. O sea. Dentro de media hora.
-¿Y qué es lo que tengo que hacer? –preguntó el chico tratando de recomponerse-. ¿Pedir tres deseos?
-Veo que también te has leído el cuento –respondió el genio aplaudiendo con ironía-. Has acertado. Tienes tres deseos. Aunque con ciertas condiciones.
-¿Qué condiciones?
-Verás. Como estoy de prácticas no puedo conceder todos los posibles deseos. Ni los he estudiado por completo ni los he practicado. Por lo que pide alguno y te diré si puedo materializarlo o no.
-A ver –dijo el chico mientras rebuscaba entre sus profundos deseos-… ¡Me gustaría ser millonario!
-Mira que eres clásico. Lástima que no pueda ser. Ahora entiendo por que decía nuestro profesor que teníamos que practicar a fondo el deseo de la riqueza.
-¿No puedes hacerme millonario?
-Yo si quieres lo intento. Pero si te convierto en un “sintecho” para el resto de tu vida no vengas después a quejarte.
-Déjame pensar en otro… ¡Ya está! ¡¡Quiero conocer al amor de mi vida!
-Mira que tienes mala suerte. Todavía no lo hemos dado. Aunque me he leído el temario por encima y creo que podré hacerlo.
-Déjalo entonces –dijo el chico tratando de detener al genio. No tenía ningunas ganas de que fallase-. ¿Y que deseos puedes hacer?
-Déjame que piense –el genio hizo una pausa para pensar mientras contaba con los dedos de las manos-. Puedo traerte un ramo de flores, convertirte en abeja, hacerte actor porno, transformarte en un bello travesti, en perro…
-¿Y para qué querría yo transformarme en perro? –preguntó el chico a punto de perder la paciencia-.
-No sabes la cantidad de vagos que tendrían la vida solucionada con eso. Está en el puesto treinta y seis de nuestra lista de los más deseados.
-Creo que será mejor que vuelvas a tu lámpara y me olvide de los deseos. No me atrae ninguno de los que me has dicho.
-¿Estás seguro? –preguntó el genio esbozando una sonrisa maliciosa-. Ten en cuenta que sólo puede aparecerte un genio una vez en la vida. Si desaprovechas esta oportunidad jamás volverás a tener esa suerte.
-Está bien. Pues conviérteme en perro. Al menos para probar como se siente. Luego haz que vuelva a ser persona.
El genio hizo unas cabriolas en el aire, alzó las manos y, bajándolas enérgicamente, apuntó con ellas al chico. Se produjo una explosión seguida de una gran nube de humo. Al cabo de unos segundos saltó de la nube un macho de pastor alemán.
-¡Me ha salido bien! –exclamó el genio girando sobre sí mismo-. ¡Es la segunda vez que me sale! –el perro se acercó hasta él y comenzó a ladrarle con ímpetu-. Vaya. No voy muy bien en idiomas. Y ahora que recuerdo tampoco sé como recuperar la forma de las personas –el perro se abalanzó sobre el genio tratando de morderlo pero éste se esfumaba bajo su mandíbula-. Vaya. Parece que ha llegado la hora de volver a clase.
Y, tras una última explosión, desapareció.

Comentarios

1 comentario

Ilión

Ten cuidado con lo que deseas… 😉

Muy bueno. Un beso


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