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Infimocuentos: el Gnomo de bolso.

Andrea metió la mano en su bolso esperando encontrar un paquete de chicles y notó a los pocos segundos como algo le mordía el dedo índice. Al sacar la extremidad un extraño ser salió con ella asido con determinación al dedo.
-¡Aaaahh! -gritó María haciendo aspavientos para tratar de liberarse-.
-¡Mmmmm! -gritaba también el extraño ser sin abrir la boca-.
Así estuvieron por espacio de un minuto sin que ninguno de los dos se soltara hasta que Andrea comenzó a golpear lo que le mordía el dedo contra la mesa del comedor. Al tercer golpe el ser liberó su presa yendo a parar, tras varias volteretas, al costado del bolso del que tan sorprendentemente había salido.
-¡Ten más cuidado!
-¡Encima habla! -exclamó Andrea frotándose los ojos. No alucinaba-. ¿Qué eres?
-A mí no me faltes el respeto, que tengo trescientos años más que tú -el ser se irguió sacudiéndose su colorida ropa. Apenas medía veinte centímetros-. Soy un Gnomo de bolso. Un anciano y sabio Gnomo de bolso.
-Pero… Pero… ¿Qué hacías en mi bolso?
-¿Cómo que tu bolso? -respondió el Gnomo de manera soberbia-. Ese bolso es MÍO. Es MI casa.
-¿Tu casa? -Andrea no daba crédito-. ¿Cómo va a ser tu casa si es un simple bolso?
-¿Un simple bolso? Como se nota que no has vivido de alquiler. Mi bolso es un dúplex de lujo.
-Es un simple bolso de imitación que me costó tres euros en el mercadillo -puntualizó Andrea a punto de perder la paciencia. El susto se había difuminado completamente-. Ahí no pueden vivir más que las polillas.
-Tengo realquilada a una pareja. Me ayudan a pagar la hipoteca.
-El café estaba en mal estado. Seguro.
-Espera un momento -el Gnomo se introdujo en el bolso de un salto saliendo tras unos instantes con idéntica agilidad. Llevaba unos papeles en la mano-. Mira. Aquí está la hipoteca que certifica que este bolso, y todo su contenido, me pertenece.
-¿No serás tú quien se come mis galletas?
-Todo lo que entra en ese bolso es mío así que no sigas atribuyéndote su posesión.
-Los caramelos, los sobres de azúcar, las barritas de cereales -continuó Andrea detallando cada objeto que, extrañamente, le había desaparecido-. ¡Hasta un preservativo! ¿Tú te llevaste el condón?
-Funcionan perfectamente como chubasquero. Lástima que después apestes a goma.
-O sea, que has acabado robándome todo lo que tenía en el bolso. Y yo que pensaba que me estaba volviendo loca por que era incapaz de encontrar nada…
-Yo no robo. Todo lo que hay dentro de mi casa es mío. Para eso es MI bolso.
-Puedes quedártelo aunque tendrás que recuperarlo de la basura. Me han regalado uno de Prada y no pienso mantener a Gnomo “Okupa “y ladrón.
-¿”Okupa y ladrón? -repitió el Gnomo irritado. Comenzó a balancearse como un boxeador agitando los puños en el aire-. Eso no se lo dirías a alguien de tu tamaño.
-Que lástima que seas tan pequeño -Andrea cogió al Gnomo de la chaqueta y, como quien lleva del cuello a un gato, lo introdujo en el bolso cerrando a conciencia la cremallera. El inquilino chillaba en el interior al tiempo que pateaba las blandas paredes-. Espero que tengas un buen ambientador por que allá donde vas te hará falta.


Comentarios

3 comentarios

Isa

Ivaaaaan,que tienes un premio en mi blog.pasate a buscarlo,guapetoooon!!!!
Isa

Lucía

Qué historia más cruel … pobre gnomo!!

Iván

Ahora mismo voy, Isa.

Cruel… Bueno. Quizá el Gnomo tuvo lo que se merecía, Lucía. Si es que no se puede confiar en las inmobiliarias. Son capaces de venderte cualquier cosa…
😀


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