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Relato: divino tatuaje.

María miró su espalda ayudándose del espejo de pared que tenía enfrente y del que sostenía el tatuador en la mano y asintió en silencio maravillada. Era justo lo que ella quería: un pequeño ángel levantando el vuelo grabado en colores vivos bajo la piel del omoplato izquierdo.
-Está perfecto -comentó María girándose sobre la silla para apreciar el tatuaje en todos sus ángulos-. Eres un artista.
Pagó y salió a la calle con el hombro dolorido. “Sólo tengo que esperar un par de semanas para enseñarlo”, pensó mientras acariciaba el vendaje que protegía la herida. “Seguro que con él pareceré otra”. Y no solo lo pareció sino que poco a poco todo su mundo fue cambiando de perspectiva. Cuando pudo quitarse el vendaje advirtió que el angelito había aumentado considerablemente su forma. “Habrá sido mi piel la que se habrá estirado”. Pero pronto no sólo cambió de tamaño sino que también lo hizo de lugar, desmontando cualquier hipótesis que se le ocurriera. El tatuaje hizo del cuerpo de María su propio lugar de peregrinaje y al cabo de un mes ya había recorrido cada centímetro de su espalda. Coincidiendo con los cambios de comportamiento, que se acrecentaban conforme pasaban los días. “¿Por qué hoy tengo ganas de hacer travesuras?”. Le parecía un misterio. De la misma manera que, al cabo del rato, era incapaz de entender por que se apoderaba de ella una profunda benevolencia hacia todo cuanto le rodeaba.
-¿Qué te está pasando? -le preguntaban todos-.
Nadie era capaz de entenderlo. Mucho menos cuando la encontraron desnuda y sin vida sobre el asfalta de su calle. Estaba boca abajo y con los brazos en cruz mientras en lo alto aún ondeaba la cortina de la ventana desde la que había saltado. El angelito había desaparecido de su espalda y su lugar lo ocupaban unas inmensas alas grabadas en la piel con tanta perfección que todos los que presenciaron la escena juraron de por vida que eran reales.


Comentarios

3 comentarios

Lucía

Por algo nunca me he atrevido con los tatuajes, jeje.

Intrigante …

raphdada

la muerte es una aceleración de la entropía vital. de ahí el desorden que lleva esa chica en la espalda

Iván

Espero que hacerse uno no sea tan peligroso, Lucía. Tampoco yo me he atrevido nunca. O no me apetece lo suficiente como para probarlo.

¿Realmente podría estar relacionado con la vitalidad de la chica, Raphdata? Yo creo que la historia forma más parte de un mundo abstracto que real. Al menos mi intención era esa. Aunque cada uno busque su moraleja… :)


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