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Empareja2 (18) – Recuperando la amistad (parte 2).

Capítulo anterior.

-¿Y tú que tal estás? -preguntó Armando tras darle otro gran trago a su cerveza-. Ahora que se te ha pasado el sofoco tienes mejor cara.
-La verdad es que no me puedo quejar. Tengo una buena casa, una mujer que está buenísima, mis conquistas, un buen trabajo…
-¿Todavía sigues en aquella oficina? Decías que era una mierda trabajar allí.
-Me despidieron -Armando iba decirle cuanto lo sentía pero Sergio le arrebató las palabras continuando con su explicación. Es lo mejor que me ha podido pasar. Ahora estoy como yo quiero.
-¿En otra oficina?
-Mucho mejor. En mi propia casa. Soy casi teletrabajador…
-¿Y el casi?
-De vez en cuando paso alguna jornada trabajando en casa de mi jefa.
-¿Trabajando? -ironizó Armando cambiando la voz-. ¿Te tiras a tu jefa en su casa?
-No… Aunque no me importaría -una imagen fugaz cruzó la mente de Sergio y el hecho de verse en la cama con Thaïs no le desagradó-. La mejor amiga de Marta se independizó de su empresa montando una de desarrollo web y multimedia. Me ofreció trabajo y le dije que sí. Hacía mucho tiempo que no me peleaba con el código pero he podido actualizarme haciendo unos cursillos. También me los ha pagado mi jefa.
-Quien te ha visto y quien te ve -sentenció Armando-. Sergio trabajando para una mujer. Y encima hablando bien de ella.
-Pues he de confesar que es el mejor jefe que he tenido nunca. Aunque siempre me había caído mal, he de reconocerlo. Me equivoqué juzgándola.
-Si no te la tiras es por que no se deja, por que veo que le tienes admiración.
-Y tú se la vas a tener también por que será la madrina de mi boda. Os tocará estar juntos toda la ceremonia.
-Todavía no te he confirmado que vaya a ser tu padrino -dijo Armando levantándose para tirar a la basura su lata vacía de cerveza. Llegó al cubo con solo tres pasos-. No me apetece demasiado estar con tanta gente que no conozco.
-Sé lo tímido que eres pero no pararé de pedírtelo hasta que me digas que sí. Quiero que mi mejor amigo sea el padrino de mi boda.
-Mejor amigo -repitió Armando con melancolía-. Después de tanto tiempo te lo he vuelto a escuchar.
-Y sabes que es así -Sergio se sintió terriblemente incómodo sincerándose pero no quería volver a perder la amistad que le costó toda una infancia ganarse-. Eres mi mejor amigo y como tal tienes que acompañarme en el peor día de mi vida.
-¿Y para qué te casas si lo vas a pasar mal?
-Ya te lo he dicho. Es para complacer a Marta -Sergio sintió un cosquilleo en el pecho. Las mentiras comenzaban a rebelarse contra su dueño-. Además. Hoy en día el matrimonio no significa nada. No es más que un papel.
-Será un papel pero estarás casado. Casado -Armando recalcó aquella palabra tratando de despertar del aletargamiento amoroso a su amigo-. ¿Cuántas veces me dijiste que no te casarías?
-De jóvenes decimos muchas cosas, Armando.
-Pero nunca se incumple lo que de verdad se siente.
El silencio se apoderó de aquella pequeña estancia inundando la conversación con un espeso vacío. Tantos años sin verse habían causado heridas profundas en aquella amistad que ambos se empeñaban en reconducir. Y la falta de sinceridad dejaba al camino sin una senda visible por la que transitar.
-Me quiero casar con ella -confesó Sergio despojándose de su coraza de macho impenetrable-.
Me he dado cuenta de que la quiero con locura. No podría vivir sin estar a su lado…
-No puede ser -dijo Armando sorprendido-. Has caído de lleno en el agujero.
-Hasta las cejas.
-¿Y a qué ha venido antes lo de las conquistas? -preguntó Armando recuperando las palabras de su amigo-.
-Sólo he tenido una -Sergio rebuscó entre sus recuerdos alcanzando al de su cita íntima con Idoia y, sorprendentemente, el visualizarlo le causó rechazo-. Me acosté con una ex compañera de trabajo y en ese momento me di cuenta de lo mucho que quería a Marta.
-Podías haberte dado cuenta antes, ¿no?
-Ni que no me conocieras.
-Pues ahora me estoy dando cuenta de que no -Armando continuó deseando no arrepentirse de cruzar el pantano que entreveía-. Y como veo que estás bien convencido de lo que haces intentaré ayudarte lo mejor que pueda.
-¿Serás mi padrino?
-Sí.
-¡Gracias! -Sergio abrazó a Armando con entusiasmo tratando de no derramar las lágrimas que se agolpaban tras sus ojos. Ya había caído bastante el mito de su masculinidad-. Sé el esfuerzo que supone para ti el estar ante tanta gente.
-No te lo puedes ni imaginar -dijo Armando tras un suspiro-. Pero por un amigo se hace lo que sea. ¿No?
-Por supuesto.
-¿Y qué tal es esa Thaïs que hará de madrina?
-Ya te lo he dicho: es una buena tía, aunque bastante lanzada. Sobre todo con los tímidos como tú.
-Estoy apañado -Armando suspiró de nuevo-. Ahora ya sé por que dicen que las bodas son un infierno.
-Te caerá bien, ya lo verás. Además. También está soltera.
-¿Y a mí que más me da? No quiero ninguna relación con otra mujer. Te recuerdo que no hace mucho que me han dejado plantado.
-Y ya es hora de que salgas de ese bache -de repente Sergio cayó en un detalle que le había pasado inadvertido-. ¿Sigues en el paro?
-Sí. Ahora no hay demasiado trabajo de diseño web ya que muchas empresas compran plantillas prediseñadas. ¿Dónde ha ido a parar la exclusividad?
-Pues quizá tengas suerte. Puede que Thaïs necesite contratar a más gente y se fiará de quien le recomiende. ¿Te interesaría trabajar conmigo?


Comentarios

2 comentarios

Empareja2 (18) - Recuperando la amistad (parte 1). | Aletreando

[…] Capítulo siguiente. […]

Isa

Jolines que buen trabajo,seguro que esta satisfecho,jaja
Isa


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