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Déjame sin aliento – Relato.

El reencuentro resultaba tan dulce como siempre, y eso que apenas llevaban dos meses saliendo. Los besos se revolvían en los labios contrarios como una cría recién nacida se agita en el suelo hasta levantarse. Y así es como se sentían ellos dos: recién llegados a la verdadera vida, habiendo dejado atrás el infierno que suponía no conocer a la media naranja.
-Quiero uno tan grande que parezca eterno -le dijo ella al oído mientras le apretaba entre sus brazos-. Déjame sin aliento.
Y él obedeció, sin preocuparse de que ambos estuviesen resfriados. Poco importaba quien había provocado el contagio: era todo un trofeo ganado al amor. Pasaron los segundos entre batallas de lenguas, un minuto en el que la saliva se convirtió en un fluido común, minuto y medio tras el cual parecieron fundidos en un mismo cuerpo… Entonces los movimientos de ella se hicieron más bruscos. “La pasión le consume”, pensó él sintiendo los arañazos en la espalda. “Va a ser el beso de su vida”. Y, tras más de dos minutos, las fuerzas de su pareja aflojaron. Incapaz de mantenerse en pie, tuvo que sostenerla agarrándola por la espalda,
-¿¡Qué te pasa!? -preguntó sosteniendo la cabeza de su amada. Permanecía muda-. ¡Responde!
Las palabras se extinguieron para siempre de sus labios, igual que los besos. Ella tenía que haberle confesado que era asmática. Y él, por desgracia, que era campeón de España en apnea.


Comentarios

1 comentario

Capitana

xD, vaya, qué pena, parecía todo tan idílico y estaban tan enamorados… pero a parte de besarse hay que hablar, ya se sabe que esa es la base de una relación para salvarse en todos los aspectos, xD.

La última entrada de Capitana cuando publicaba el comentario: Este blog es una joya


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