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Tres piercings y un destino – Relato.

-¿Estamos todos?
-Creo que Jack se quedó en la vitrina.
-No, estoy aquí -la voz de este último sonaba apagada y débil-. Lo que pasa es que me han colocado más lejos.
-¿Dónde?
-En el clítoris -hubo un silencio en el que los tres trataron de asimilar su nueva situación-. ¿Y a vosotros dónde os han puesto?
-A mí en el labio -dijo Bill desde las alturas. Tenía una visión privilegiada pero, aun así, le era imposible localizar a sus dos amigos-. ¿Y a ti, John?
-En uno de los pezones -contestó éste-. Y no os imagináis lo complicado que ha sido.
-Si os cuento lo que ha sufrido la chica conmigo -comentó Jack desde el clítoris-… El tatuador ha tenido que inmovilizarle las piernas.
-Y si tanto les duele, ¿por qué se empeñan en atravesarse el cuerpo?
-Es un misterio -afirmó Bill-. Por suerte seguimos estando juntos, ya que es muy raro que una persona se haga tres piercings seguidos.
-Espero que no acabemos en la basura -suspiró John-. Hubiera preferido seguir en la vitrina.
-No te quejes tanto -le regañó Bill-. Ahora estás mucho más calentito.
-Y húmedo -añadió Jack-. No os imagináis lo húmedo que es esto. Y oscuro.
-Tampoco te creas que a mí me llega la luz -replicó John desde uno de los pezones-. Esto no es vida para un piercing.
-Y quieres volver a la vitrina…
-No os burléis de mí. ¿Acaso en este cuerpo estaremos mejor?
-¿Acaso podemos elegir? -dijo Jack solemnemente-. Además. Tampoco sabemos lo que nos deparará la vida.
-¿Qué más puede hacer un piercing aparte de adornar un cuerpo? -repuso Bill mediando entre sus dos amigos-. Amargarse por nuestro destino es absurdo.
-Estoy contigo -dijo Jack sumándose al razonamiento-. Para que amargarse si… ¡Veo la luz!
-¿Cómo? -preguntaron incrédulos los otros dos-.
-Sí, de repente… La oscuridad se ha ido.
-¿Y qué ves?
-No sé… Piernas, mucho pelo y… ¡Una serpiente!
-¿¡Una serpiente!?
-¡Socorro! ¡Una serpiente gigante me va a comer!
-¡Yo no logro ver nada! -gritó Bill tratando de divisar a la amenaza desde el labio-.
-¡Ayudadme!
-¡No puedo moverme, soy un piercing!
-¡Mierda! Ya decía yo que no deberíamos haber abandonado la vitrina…


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