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Espacio para la caza – Relato

Se abre la cacería y multitud de fieras salen en busca de una presa. Alzan la cabeza en un intento de divisarla antes que el resto, olfatean el aire nerviosas, miran alrededor con el ansia de la desesperación… Hasta que, producto de la búsqueda, hallan un rincón al que echarle el diente.
-Próxima estación… Urquinaona.
Y allá se lanzan en carrera, luchando contra el resto de contendientes, tropezando con obstáculos humanos que sólo pretenden agarrarse previniendo repentinas sacudidas, hasta que la víctima cae doblegada bajo el trasero exultante del vencedor que resopla, sonriendo con descaro a sus enemigos. Ha alcanzado el trono, el descanso merecido del guerrero tras una intensa jornada en la oficina de turno.
-¡Yo lo vi antes! -replica una mujer, enfadada por las malas artes de la contrincante-.
-Pero yo me senté -afirma esta última asentando las posaderas-. Tendrá que seguir de pie.
Al igual que el resto de vagón de metro, que viaja atestado de personas como si aquel fuera el único camino a la felicidad o, al menos, la única manera segura de volver a casa. Estación tras estación se mantienen impertérritos, derechos como velas a medio consumir, sintiendo como se desliza el mundo sobre sus cabezas mientras ellos hacen lo propio en las catacumbas de la ciudad, sin poder asegurarse un asiento hasta su destino. Aunque el nuevo andén puede deparar la sorpresa.
-Ahí hay dos asientos libres -susurra una pareja sin levantar la voz, temerosa de que les roben el paraíso, aún caliente de su anterior inquilino-.
Y la cacería vuelve a repetirse como un bucle atemporal en el universo paralelo del metro, un mundo en el que la realidad tiende a homogeneizarse. Todos buscamos nuestra estación, sufrimos con paciencia los embotellamientos, aliviamos la espera desplazando también nuestro ocio y, al igual que la pareja, perdemos el asiento ante otro que quizá se maneje mejor que nosotros en la jungla en la que se convierte la humanidad. No nos engañemos: al fin y al cabo siempre hay alguien mejor preparado para salir de caza.


Comentarios

2 comentarios

Bitacoras.com

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unjubilado

Me ha gustado el relato.
Últimamente me muevo bastante en bus, en mi parada suelo tener asiento y lo utilizo, claro que después de un par de paradas el bus se va llenando y le cedo el asiento a personas más mayores que yo, o con niños pequeños que se apelotonan en el asiento dejando a su madre más tranquila.
Al final termino agarrado con las dos manos a las barras de sujeción, pero con la satisfacción del deber cumplido.
Saludos


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