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La soledad es una etiqueta – Relato.

-¿Puedo sentarme?
-Claro, como no.
“Ya podría sentarse otra”, pensó Jules echando un vistazo a la discoteca. En ella abundaban las mujeres, aparentemente más atractivas que aquella que acababa de tocarle en suerte.
-¿Cómo te llamas? -preguntó ella-.
-Jules -respondió él dando un generoso trago a su vaso de whisky. “Lo voy a necesitar”-.
-Yo Maggy.
Sentado uno frente a otro, rodeando la diminuta mesa de café, daba la impresión de que hubieran alcanzado el objetivo de aquella fiesta, pero el silencio que reinaba entre ambos delataba claramente lo contrario. Al menos en lo respectivo a Jules, deseoso de dar plantón a su nueva amiga.
-Pensé que no querías estar solo -dijo la chica esforzándose por romper el hielo-. Como tienes enganchada esa etiqueta…
Jules miró el cuello de la camisa de Maggy, de la cual pendía idéntica inscripción.
“Sola”, leyó. “Y no me extraña. Con esa pinta”…
-No quiero ofenderte -comentó él distante-, pero no eres lo que busco.
-Ah, ¿no? -repuso Maggy. Recapacitó unos instantes y se levantó ofendida-. Tú tampoco eres lo que busco. Para estar contigo prefiero seguir sola.
Y se marchó en busca de alguien amable, dejando a Jules sentado junto a la mesita de café. “¿Qué se habrá creído?”, pensó. “¿Qué por que tenga la etiqueta de “solo” colgando de la chaqueta y haya venido a una fiesta para encontrar pareja voy a irme con la primera que me encuentre? No señor. Si ya he rechazado a cuatro puedo hacerlo con una quinta. Aunque”… Rebuscó en el bolsillo interior de su chaqueta sacando de él una vieja pluma. “Mejor me irá si escribo unas condiciones”. Desenganchó su etiqueta y, justo bajo la inscripción de “solo”, escribió. “Abstenerse: morenas, gordas y mayores de cuarenta años”. Observó orgulloso su nuevo cartel y se lo acomodó tratando de que fuera lo más visible posible. Justo cuando lo había conseguido una chica que encajaba perfectamente en sus pretensiones se sentó en una mesita próxima.
-Hola -saludó Jules aproximándose a ella. Su etiqueta también mostraba el “sola” aunque, a decir verdad, sólo se fijo en sus pechos.-. ¿Puedo sentarme?
-Claro. Como no.
-¿Cómo te llamas?
-No quiero desilusionarte, pero no me interesas.
-Es que -reculó Jules herido en el orgullo-… Como he visto tu cartel de “sola”…
-Tendrías que haberlo leído bien.
Tras estas palabras se fijó en la etiqueta de la chica, apartando la mirada del generoso escote, y pudo advertir que, tal y como había sugerido, había algo más escrito aparte de su situación sentimental. “Sola. Abstenerse capullos”. Aunque no se sintió identificado.

 


Comentarios

3 comentarios

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unjubilado

Desgraciadamente en ocasiones estamos rodeados de mucha gente y sin embargo nos sentimos completamente solos.

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La soledad no trae nada bueno…


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