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Ruptura con nota – Relato.

¿Para qué me habrá llamado si nunca lo hace? Y me ha dejado un mensaje en el buzón de voz sólo para contarme lo de la nota. Nota… ¿Qué me querrá decir con ella si jamás me ha escrito una?
“Te he dejado una nota en la cocina. Léela”.
Todo esto es demasiado extraño. ¿Querrá decirme algo que no se atreve a confesarme en persona? ¿Se habrá enfadado conmigo? ¿Habrá…? ¡Basta! ¿Qué gano comiéndome la cabeza si todavía no he podido leer la maldita nota? Ya estoy en casa, iré primero a la cocina.
“No sabía cómo decirte esto así que, como me resulta imposible hacerlo en persona, he decidido contártelo en esta nota. La comunicación entre nosotros no es todo lo buena que debería, eso es algo que ambos sabemos”.
¿A qué se refiere con esto? No sé qué tiene de malo nuestra comunicación, a mí me parece de lo más normal. No pretenderá que le cuente cada cosa que me pasa en el día, eso sólo me incumbe a mí. No porque ella sea quien es tiene derecho a conocer mis intimidades. ¿Qué pretende?
“No pretendo que te sientas culpable, seguro que los errores han sido míos. El tiempo ha hecho mella entre nosotros y yo no he sabido darme cuenta de que no has cambiado, de que sigues siendo el mismo de nuestras primeras fotos”.
¿Y por qué iba a cambiar? Yo no tengo la culpa de ser como soy, ella debería de saberlo mejor que nadie. Claro que tiene razones para sentirse culpable.
“Llevo mucho tiempo meditándolo, no creas que ha sido fruto de un impulso. He valorado los pros, los contras, las posibles maneras de cambiar nuestra relación sin llegar a este extremo, pero créeme: me ha sido imposible encontrar otra solución. Y créeme también cuando te digo que esto es mucho más doloroso para mí de lo que pueda significarlo para ti”.
No puedo seguir leyendo. Si lo que quería era acojonarme lo ha conseguido. Quizá si tiro la maldita nota y hago como si nunca se hubiese escrito todo vuelva a la normalidad y sigamos siendo una familia… No, a quién quiero engañar. Ella tiene razón, no he cambiado. Sigo siendo el niño pequeño que no ha conseguido madurar porque realmente nunca se lo ha planteado. Quiere que madure y esta nota es para ese propósito, así que: ¿tengo mucho que perder? He de seguir leyendo, he de seguir leyendo…
“No sé cómo decirlo. Llevo muchas líneas dando rodeos, evitando soltar las palabras, pero, al mismo tiempo, sé que he de decirlas porque, de no ser así, jamás conseguirás hacerte un hombre. Siempre he querido lo mejor para ti y, en este momento, eso pasa por marcharme. Sí, me voy. Tendrás que apañártelas solo, la casa queda a tu cargo”.
A mi cargo…
“También tu alimentación, tarde o temprano tendrás que hacerte la comida”.
Y limpiar, lavar la ropa, planchar…
“No me odies por lo que hago. Tienes que saltar del nido, yo hace tiempo que te di las alas. Así que… ¡Vuela!
 

Tu madre…”.

 

Mierda. ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Voy a tener que currármelo todo? No puede ser que se haya marchado, debe de ser un sueño. Aunque la nota es demasiado real… Igual que esta cocina. ¿Cómo voy a apañármelas para hacerme la comida todos los días? Ni siquiera sé cómo funcionan estos… ¿Fogones? Espera, me ha dejado el frigorífico lleno de comida. ¿Podré alimentarme sólo de pizza cuando se acaben estas existencias? No, ni siquiera yo podría comer exclusivamente eso, hay que buscar soluciones… ¡Ya está! Matrimonio.
 


Comentarios

2 comentarios

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Isa

Jajajaja,que bueno la has clavado,la mayoria de hombres cuando se casan buscan una segunda madre,buenisimo y super real.
 
Isa


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