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Atrapado en sus ojos – Relato.

Nunca me ha gustado la lectura, siempre he preferido relacionarme con los demás. Con las mujeres especialmente. Sí, puede que esto último no sea tan fácil como leer un libro pero eso es algo que pasó a la historia, nunca mejor dicho, el día que descubrí la técnica literaria de conquista. ¿Cómo funciona? La curiosidad os puede, se nota. ¿No os habéis fijado en la cantidad de mujeres que leen en el metro? Es cuestión de acercarse a la víctima, fijarse en lo que lee, suplantar a esas líneas…
Buscaba entre los rostros que se deslizaban delante suyo alguno capaz de detener su huida a ninguna parte o, como ella misma confesaba en la intimidad, alguno capaz de cambiarle el estado de ánimo con sólo mostrar una sonrisa. De aquellas que no necesitan anzuelo para pescar los miedos.
-Hola.
-¿Hola? –es normal: no me conoce y la he sacado de su lectura pero, aun así, me devuelve la sonrisa-. ¿Nos conocemos?
Después de cinco minutos sí, os lo aseguro. Puedo convertirme en un caballero, un detective, un ladrón de bancos, adaptando mi personalidad al libro que está leyendo.
El metro atravesaba la oscuridad del túnel disfrazando de normalidad lo extraordinario que supone el viajar bajo tierra, mientras el conjunto de viajeros asimilaba esa normalidad como propia, haciendo del entorno su lugar de paso. Pero había otra persona, además de mí, que se sentía extraña. Era una mujer joven y de aspecto peculiar, como si se hubiera arreglado a ciegas, que se mantenía agarrada a una de las barras verticales con la cabeza gacha mientras apretaba los párpados con fuerza, como si quisiera soldarlos por presión
-Perdona –dije acercándome-. ¿Te pasa algo?
Ella permaneció en su posición, imperturbable, rezando entre susurros.
-¡Déjame! –gritó tras mucho insistirle-. ¡No quiero hacerte daño!
-¿Daño? –repetí tranquilo-. Una mujer tan preciosa no puede hacerle daño a nadie. ¿Por qué no me enseñas tus ojos?
Abrió sus ojos enormes, como si quisiera retener al mundo dentro de sus pupilas, y el metro se tambaleó sobre sus raíles, con nosotros dentro. Los objetos situados cerca de la chica volaron hasta ella como atraídos por un imán, desapareciendo en el interior de sus ojos junto con las personas que, para su desgracia, se arriesgaron a recuperar sus pertenencias al vuelo. Yo conseguí asirme a una de las barras, atornillada a conciencia al vagón, pero no tuvo tanta suerte el resto del pasaje, que fue engullido uno a uno por la voracidad de la mirada creando una fuerza de succión tan enorme que el fondo opuesto del metro se plegó hacia dentro sobre su vértice, como un calcetín, dejando un vacío tras desaparecer por ensalmo dentro de los ojos, entre un estruendo de chatarra y cristales rotos. Entonces cesó. Aquella mujer había cerrado los ojos justo cuando mi barra se descolgaba de la estructura ya desaparecida y, tras incorporarme del golpe contra el suelo, advertí que lloraba a pesar de que sus párpados volvían a sellarse.
-No llores –le dije-.
-¿Cómo no voy a llorar? –replicó-. He causado un desastre. ¡Nadie va a quererme nunca!
-Eso no es verdad. Yo… Te quiero.
Puede resultar imposible pero así era. Ignoro si fue compasión, flechazo o que sus ojos también atraparon a mi cordura.
-¿Por qué me mientes? –preguntó la chica apretando los párpados. Una lágrima descendía sin cauce-.
-No te miento –aseguro-.
-Pero… No nos conocemos.
-Eso se puede solucionar, ¿no te parece?
Me mira, el flechazo es instantáneo. Y esos ojos tienen la culpa. Sin duda, me atrapan.
 
Este relato forma parte del concurso de Sant Jordi de TMB. Si quieres puedes visitar la página y darme un voto.

 


Comentarios

3 comentarios

Bitacoras.com

Información Bitacoras.com…

Valora en Bitacoras.com: Nunca me ha gustado la lectura, siempre he preferido relacionarme con los demás. Con las mujeres especialmente. Sí, puede que esto último no sea tan fácil como leer un libro pero eso es algo que pasó a la historia, nunca……

Isa

Y como voto? lo he intentado,hay que registrarse?en fin me ha encantado,supongo que hay más de la historia,me encantaria oir el final.
 
Isa

Iván

En principio no hay más. Aunque, negociando…
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