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Limpieza del hombre soltero – Relato.

La algarabía no suele ser propia de bacterias o microorganismos pero aquella tarde, que en un principio nada tenía de singular, transformó la tranquilidad microscópica en histeria, desbordando las escasas capacidades de un grupo de estafilococos.
-¡Es nuestro fin! -gritaba Coco histérico-. ¡Vamos a morir!
-¿¡Qué haremos ahora!? -se preguntaba loco en voz alta, replicando a su amigo Coco-.
-Calma, calma -tranquilizaba Estafi sin mucho éxito-. Hemos salido de situaciones peores.
-¡Peor que ésta, no! -gritó Coco-.
-¡Es nuestro fin! -coreó Loco-.
-¡Queréis callaros de una vez! -ordenó Estafi imponiéndose-. Si perdemos la calma tampoco conseguiremos nada. Además. No creo que la situación haya cambiado.
-¿Cómo qué no? -espetó Coco-. Todos hemos escuchado esa voz femenina. ¡Hay una mujer!
-¡Hay una mujer! -repitió Loco creciendo en histeria-.
-No importa que haya una mujer siempre que ésta no sea su pareja –razonó Estafi aunando la teoría con esperanza-. Somos los huéspedes de un hombre soltero. Y todos sabemos cómo son este tipo de personas.
Los tres estafilococos se agrupaban en la espalda del aquel hombre sin pareja que llevaba ya varios años viviendo en un piso de soltero tan guarro como poco espacioso, en el que la suciedad se acumulaba por cualquier rincón susceptible al polvo o a la ropa sin lavar. La falta de limpieza era algo típico en los solteros, sí. Y el oportunismo la base sobre la que se sustentaba la vida de los tres estafilococos, desconocidos huéspedes de una espalda poco aseada.
-Tendremos que observar la situación averiguando la mejor manera de hacerle frente –razonó Estafi aplicando técnicas de guerra-. El peor enemigo es el que resulta desconocido.
-¿Pero qué podemos hacer? –preguntó Coco-.
-¿¡Qué, qué!? –insistía Loco añadiendo su acostumbrada dosis de nerviosismo-.
-La voz de mujer puede ser de una novia, pero también de una amiga o, incluso, de su madre. Hay que averiguarlo. Si realmente es de su pareja, estaremos en un problema.
Las tres bacterias permanecieron en silencio mientras se sucedían los acontecimientos en el exterior de la espalda que ocupaban, por encima de las capas de ropa pertinentes, pero no acabaron de concretar el parentesco que guardaba la voz femenina con el hombre que les servía de cobijo.
-Todavía no se han dicho nada concluyente –comentó Coco en forma de susurro-.
-Se dieron dos besos –enumeró Estafi-, pero fueron en la mejilla. Y es extraño que una pareja se salude así.
-Puede que lleven poco tiempo –el comentario de Loco sorprendió a las otras dos bacterias por su sensatez, y ambas le miraron con cara de sorpresa-. Es verdad, no me miréis así. Cuando los humanos llevan poco tiempo saliendo apenas se tocan.
-Tienes razón –dijo Estafi bajando aún más el tono de voz-. Sigamos escuchando a ver si lo aclaramos.
Las horas transcurrían sin que se pudiera precisar la situación afectiva de la voz de mujer hasta que, levantando el tono por encima del resto, todo hombres, entonó un “feliz cumpleaños” arrancando el seguimiento de los demás, que acabó en una apoteosis de aplausos, gritos y risas.
-Es el cumpleaños de nuestro anfitrión –dedujo Estafi-. Por eso están todos aquí.
-Pero seguimos sin saber quién es esa voz de mujer.
-No lo sabemos –afirmó Loco-. Aun así, ¿por qué es tan importante que sea una mujer la que se instale en la casa?
Sus dos compañeros volvieron a mirarle con sorpresa, incrédulos de que no hubiese comprendido el alcance de la tragedia.
-¿Por qué sobrevivimos en esta espalda? –preguntó Estafi añadiéndole gravedad a sus palabras-.
-Porque somos unas bacterias que esperamos la más mínima oportunidad para causar una infección.
-Bien. ¿Cuál es nuestra situación exacta?
-El triángulo en la espalda que es imposible de frotar por la propia persona.
-Otro punto para ti –Estafi hizo una pausa para formular la última pregunta-. ¿Y qué puede pasar si vive una pareja en la misma casa que nuestro anfitrión?
-¿Qué puede frotar el trozo de espalda en el que vivimos?
-¡Bingo! –exclamaron Estafi y Coco al unísono-.
-Vale, ya lo entiendo. ¿Creéis que es realmente su pareja?
Aún no lo sabían con certeza ni se atrevían a pronosticar un veredicto. Los cantos ya habían cesado pero su lugar lo ocuparon unos gritos de sorpresa intermitentes, intercalados con la rasgadura de varios papeles. De repente, algo alertó a Estafi.
-¿Qué le han regalado? –preguntó éste recogiendo todo el espectro sonoro disponible-. ¿Alguien lo sabe?
-Perdí el hilo con el primero –comentó Coco-. Aquel… Juego de vasos de Whisky.
-Esperad –interrumpió Loco-. Habla la mujer.
Los tres prestaron el máximo de atención captando parte del diálogo que les envolvía. Y las noticias no resultaron muy esperanzadoras.
-La mujer le ha regalado una esponja con mango…
-¡Con mango! –repitió Loco-. Espera. Y eso, ¿qué significa?
-Que ya no le hace falta una novia para rascarse la espalda –aclaró Coco-. Es nuestro fin.
-Aún queda una esperanza –dijo Estafi-. Si sigue soltero será igual de guarro.
Los tres recordaron las costumbres de su anfitrión deduciendo que difícilmente cambiaría sus hábitos higiénicos de un día para otro, a pesar de que le hubiesen regalado una esponja con mango.
-Sólo nos queda esperar.
Los otros dos estafilococos coincidieron con las palabras de Estafi decidiendo que lo único que podían hacer era aquello para lo que estaban preparados: la espera.
-¿Qué pensáis que vendrá antes? –preguntó Loco al cabo de unos minutos-. ¿Una herida o la limpieza?
Los otros dos afirmaron convencidos que sería lo primero.
 


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