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Sombras dentro de las sombras – Relato

Tengo miedo. No, no se trata del clásico miedo al compromiso, al que dirán de mí o el temor a un futuro incierto, el mío es irreal, algo que sabes que no existe pero, aun así, te sigue punzando el cerebro y, de paso, la razón.
Me levanto de la cama a oscuras, no puedo dormir. Qué absurdo tener miedo de la oscuridad y, sin embargo, disfrutar atravesando las tinieblas, para raro yo. Pero los temores están ahí, con cada esquina que tuerzo en esta casa que me conozco de memoria, en este hogar que, creo, es el mío. Relleno las sombras de temibles monstruos dispuestos a abalanzarse sobre mí cuando les dé la espalda, me adentro en la cocina como si me sumergiera horizontalmente en una oscuridad líquida, que desafía a la gravedad sin evacuarse por la puerta, manteniéndose dentro como si no existiera el vacío del marco, desplazando mi volumen conforme me adentro hacia la nevera y desapareciendo como por ensalmo cuando abro la puerta del frigorífico, dejando que la minúscula luz espante los miedos en un radio de apenas un metro en torno mío.
-Estoy bebiendo leche –digo en voz alta, a pesar de que sé que no me va a contestar nadie-. Y ahora volveré a la cama, aunque no lo parezca tengo mucho sueño.
Lo sé, absurdo por tener miedo y desquiciado por tratar de espantarlo esparciendo mi voz al estilo de un sereno. ¿Por qué seguiré arrastrando estas tonterías de cuando era pequeño? Has crecido, date cuenta de una vez. No puedes ir por tu casa con el temor de que los muebles son en realidad monstruos, camuflados de sombras dentro de las tinieblas, también sombras.
-Estoy volviendo a la cama. Ahora cruzo el comedor, paso por delante de la mesa… Sí, aquí está la mesa. Puedo palpar tu madera, no es otra cosa –pero, aun así, me la imagino transformada en alguna especie de ser sonriendo en la oscuridad a sabiendas de que no puedo percibir tan macabra sonrisa-. Ahora cruzaré bajo el marco de la puerta y torceré a la derecha. Lo estoy haciendo, sigo andando por el pasillo…
Los cuadros, los odio. ¿Por qué me empeñaré en colgarlos de la pared si sé que despiertan mi imaginación nocturna? No he de tener miedo, tan sólo son imágenes estáticas dentro de un marco, no van a asaltarme como si provinieran del otro lado del espejo.
-No me asustáis cuadros, sé que no os vais a echar encimo mío –aguanto la respiración-. Y ahora, me meto en mi dormitorio, avanzo hasta la cama y me echo tranquilamente sobre ella.
Tranquilamente, digo… Entérate, nada existe, todo está dentro de la mente. No hay nadie más que yo, en la cama no hay nada, ni debajo de ella. Tampoco hay un monstruo tras mi espalda, ahora que me he dado la vuelta adoptando una posición fetal. Convéncete de una vez.
-Voy a cerrar los ojos y relajarme. Yo, las sábanas, la cama, detrás no hay nada más. Simple oscuridad.
-Oscuridad…
-Sí, sólo eso. Oscuridad.

 


Comentarios

3 comentarios

Bitacoras.com

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pily

Hasta parece que me has descrito a mi, jeje.

😉

Andrés

Veo que has hecho limpieza de enlaces. Voy a hacerla yo también.


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