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	<title>Aletreando &#187; cuentos</title>
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	<description>Relatos de ficci&#243;n para una vida demasiado real.</description>
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		<title>Palabras de madera &#8211; Infimocuentos.</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Oct 2008 22:34:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Una conversación entre árboles donde uno deja escapar sus deseos. Demasiado tarde: acabarán convirtiéndose en realidad.


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</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Ya se sabe lo largas que son las conversaciones entre los árboles y esta, tras varios años paladeando las palabras, había transformado la alegría de los dos pinos en una cierta apatía que uno de ellos, cansado del ambiente en el que vivía, dejó de disimular. Sin darse cuenta formuló un deseo en voz alta que se diluyó en la humedad del bosque.<br />
-Ojalá el paisaje cambiara&#8230;<br />
-¿Por qué dices eso? ¿No estás a gusto con nuestras vistas de la montaña?<br />
-Ya estoy cansado de ver siempre las mismas rocas, de sumergir mi copa en la húmeda neblina nocturna&#8230; Estoy cansado del bosque.<br />
-¿Y dónde te gustaría extender las raíces?<br />
-No sé&#8230; En un campo donde no tuviéramos que pelearnos con otros árboles por la luz del sol. Donde los animales vinieran a refugiarse del asfixiante calor bajo nuestra sombra&#8230;<br />
Un ruido ensordecedor dejó al pino con las palabras en la boca. Por la ladera oeste de la montaña aparecieron camiones y excavadoras que avanzaron rápidamente hasta ocupar el trozo de bosque en el que ambos pinos enraizaban su futuro. Tras miles de paladas y toneladas de tierra los árboles reanudaron la conversación con tranquilidad, comentando lo mucho que había cambiado el paisaje.<br />
-¿Ahora estás contento? Ya no hay montaña, ni rocas, ni neblina. Tal como tú querías.<br />
-No era esto exactamente. No quiero estar entre casas adornando un jardín infestado de césped.<br />
-¿Y entonces? Nunca estarás a gusto con nada.<br />
-Me gustaría viajar, ver mundo alejado de las raíces que me atan a esta removida tierra. Quisiera huir del jardín que nos mantiene encerrados y atrapar la libertad entre las agujas de mis ramas&#8230;<br />
De nuevo un ruido cortó de cuajo las palabras del pino, esta vez para siempre. La motosierra atronaba entre las manos del jardinero mientras un camión, con hueco para un par de troncos, aguardaba en silencio en mitad de la calle.</p>


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		<title>Relato: ansias de sangre.</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Jul 2008 19:21:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un relato sobre un mosquito y su necesidad de sangre. A veces es peligroso ser exquisito con la comida.


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</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">-¡Mierda! -zumbó la mosquita interrumpiendo la succión. Sacó el aguijón y miró con detenimiento el lugar donde se había posado-. ¡Estoy en el culo de un perro! ¿Cómo he llegado hasta aquí?<br />
Levantó el vuelo y, tras unos segundos planeando, se posó sobre una hoja de higuera. El rocío había depositado sus perlas sobre la superficie por lo que tuvo que extremar las precauciones. &#8220;Que hambre tengo&#8221;, pensó mientras tragaba el último regusto a sangre de perro. &#8220;Tengo tanta que mi instinto me ha llevado hasta el último animal del que me alimentaría. ¿Es tan difícil encontrar sangre de humano? Estoy harta de comer sucedáneos&#8221;. Levantó nuevamente el vuelo buscando otra víctima pero en un primer momento no tuvo suerte. Ya estaba a punto de desistir cuando a lo lejos divisó una figura alta recortándose en la bruma. &#8220;¡Un humano!&#8221;. A su lado un animal más pequeño, seguramente un perro, brincaba nerviosamente tratando de llamar la atención de su dueño. &#8220;¡Por fin voy a dejar de comer basura!&#8221;. La mosquita enderezó el vuelo aterrizando poco después en un brazo huesudo y lampiño desdeñando la peludez del animal de compañía. Las ansias de sangre guiaron su aguijón peligrosamente.<br />
-¡Puto mosquito! -gritó el humano al tiempo que se propinaba un sonoro manotazo aplastando al repentino atacante-. ¿Por qué tendré la sangre tan dulce?</p>


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		<title>Infimocuentos: un susto de amigo.</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Apr 2008 19:29:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván</dc:creator>
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		<description><![CDATA[-¡BUUUUU!
El chico, lejos de asustarse ante aquella extraña aparición, le preguntó con curiosidad.
-¿Quién eres tú? ¿Y qué haces en mi casa?
-¿No te he asustado? -le preguntó el fantasma claramente frustrado. Parecía no poder aguantar el llanto-. ¿Ni siquiera un poco?
Y rompió a llorar desconsoladamente. Las lágrimas brotaban de sus traslúcidos ojos infantiles y desaparecían conforme [...]


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</ol>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">-¡BUUUUU!<br />
El chico, lejos de asustarse ante aquella extraña aparición, le preguntó con curiosidad.<br />
-¿Quién eres tú? ¿Y qué haces en mi casa?<br />
-¿No te he asustado? -le preguntó el fantasma claramente frustrado. Parecía no poder aguantar el llanto-. ¿Ni siquiera un poco?<br />
Y rompió a llorar desconsoladamente. Las lágrimas brotaban de sus traslúcidos ojos infantiles y desaparecían conforme se acercaban al suelo dotando a la escena de un aspecto fantasmagórico, a la par que cómico. La estatura del fantasma no disimulaba su corta edad a pesar de flotar casi veinte centímetros en el aire. El chico, viendo que el fantasma no dejaba de llorar, decidió consolarle.<br />
-No hace falta que te pongas así. Me has asustado pero he preferido interiorizar el miedo. Es que soy muy tímido.<br />
-Lo dices para animarme -dijo el fantasma enjugándose las lágrimas. Éstas desaparecían bajo su extremidad vaporosa-. Pero sé que no te he asustado. Todavía no he conseguido asustar a nadie. Soy un fracaso.<br />
-No digas eso -dijo el chico frotándole la espalda. Su mano se hundió en el cuerpo de la aparición-. Vaya. Si me descuido te atravieso -sacó la mano observándola con disimulo. Estaba intacta-. No me has asustado porque yo no suelo tener miedo. He visto demasiadas películas.<br />
-¿Los humanos ya no tenéis miedo? -el chico se encogió de hombros-. Desde que nací no he conseguido asustar a nadie. Soy una vergüenza para el gremio de los fantasmas.<br />
-No todos los humanos se asustan ante las apariciones. Tendrías que aprender a utilizar tus capacidades.<br />
-¿Aprender? -repitió el fantasma-. ¿Y cómo lo hago?<br />
-Yo puedo ayudarte -el chico salió de la habitación volviendo al cabo de un minuto con unas revistas de cine en la mano-. Aquí está lo que más nos asusta a los humanos. Puedes tomar las fotos  como modelo.<br />
El fantasma ojeó las revistas poniendo especial atención a las fotografías de monstruos cinematográficos. Una sonrisa maliciosa apareció en su rostro etéreo.<br />
-¿Esto es lo que os asusta? -preguntó el fantasma clavando la mirada en la imagen de un &#8220;Alien&#8221;-. Pues no sé si seré capaz de adoptar estas formas sin hacer el ridículo. ¿Que va a pensar mi madre?<br />
-¿Y por qué no ensayas conmigo? -el fantasma se sorprendió ante la proposición del chico-. No pongas esa cara. Quiero ayudarte.<br />
-¿Y por qué lo haces? He intentado asustarte.<br />
-Soy demasiado tímido y no sé cómo acercarme a la gente. Esta vez te has acercado tú y no quiero desaprovechar esta oportunidad. Nunca he tenido amigos.<br />
-Tampoco yo he tenido amigos. Los fantasmas somos solitarios -la aparición dejó las revistas en el suelo y se dispuso a iniciar sus prácticas antes de que su interlocutor se arrepintiera-.  ¿Estás preparado? -el chico asintió-. Intentaré parecerme a aquel bicho negro.<br />
Una explosión blanca envolvió con un humo del mismo color la silueta del fantasma desapareciendo segundos después para dejar al descubierto un descomunal monstruo de color negro brillante que chorreaba litros de saliva por su prominente mandíbula. Sus garras se movían a escasos centímetros del chico amenazando con despedazarle pero no hubo necesidad de hacerlo. Ante la horrenda visión que se abría ante sus ojos cayó fulminado al suelo quedando tendido e inmóvil.<br />
-¿Estás bien? -preguntó el fantasma adoptando su forma original. El chico no respondió. Tampoco respiraba-. Tenemos que seguir practicando. No creo que lo haya hecho tan bien -solo el silencio se movió-. O quizá sí.</p>
<p>&nbsp;</p>


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