Jueves, 18 de Febrero de 2010

Aletreando

Relatos de ficción para una vida demasiado real.

-Parte 1: en la desesperación está la oportunidad.
-Parte 2: presentarse es siempre el primer paso.

-Parte 3: cuidadora de viejos.
 
La mañana era fría, a pesar de que el sol despuntaba lo suficiente sobre los edificios como para proyectar sus rayos sobre los transeúntes que circulaban por las aceras de la calle. Y Jacinta, uno de esos pocos peatones que se atrevían a salir de casa obligados por el trabajo o los estudios, empujaba la silla de ruedas con su inquilino arrugado bajo una manta, aún en pijama, profiriendo frases inaudibles, seguramente insultos, como cada día de la segunda semana que llevaba trabajando como cuidadora de ancianos. “De viejos”, se decía martirizándose.
-¿Tiene frío? –preguntó Jacinta sabiendo que era en vano-.
No hubo respuesta. Salvador se arrugó aún más bajo la manta escondiendo la cabeza al máximo, dejando únicamente los ojos sobresaliendo de ella, como un periscopio que otea el horizonte en busca de un enemigo. Aunque para él cualquier cosa que se movía ya era susceptible de serlo.
-No sé porque se empeña en no quitarse el pijama, iría más cómodo y caliente.
“Aunque para mí mejor”, pensó Jacinta tratando de desentumecerse las manos, completamente heladas a pesar de los guantes. “Cuanto menos tenga que tocar a este hombre mejor. Aún no sé porqué cogí este trabajo”. Pero claro que lo sabía. No sólo la necesidad impone las acciones, también el sentido común. Y éste tuvo claro cuál sería el destino de Jacinta. Paró unos instantes, se frotó las manos sintiéndolas renacer gracias a la fricción y continuó el camino sabiendo que ese destino la mantendría atada a aquella silla de ruedas y a Salvador, imagen viviente de lo que ella más temía: la vejez.
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Imagen sacada de Flickr, propiedad de ferlomu.

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Viernes, Febrero 12, 2010

Anoche soñé con alguien – Relato

relatos

-¿Quieres que te cuente un sueño?
-¿De esta noche?
-Sí.
-Vale. Después te cuento yo otro, ha sido muy raro.
-Empiezo yo. ¿Estás preparada?
-Sí.
-¿Seguro?
-Ya te he dicho que sí. ¿Tan raro es que voy a asustarme?
-Mmmm… Espero que no.
-Vale. Por que ya pasé bastante miedo esta noche con mi sueño.
-Pues el mío no asustaba.
-¿Y de qué iba?
-Era un sueño romántico…
-Claro. Como hoy es San Valentín…
-Sí. Precisamente.
-Y ya que era tan romántico, ¿con quién soñaste?
-Pues…
-¿Con quién? Va, dilo.
-Soñé cont…
-Seguro que fue con Marta. ¿Sabías que me ha confesado que está loca por ti?
-Pues yo no soñé con Marta.. Soñé… Contigo.
-¿Conmigo? ¿Estás seguro?
-Sí. Nunca olvido un sueño. Y menos si apareces tú.
-Vaya… Gracias.
-No era un cumplido.
-Es que no me lo esperaba. A ver como te hablo yo ahora de mi sueño…
-¿Salía alguien que conozca?
-Claro. Tú.
-¿¡Ah, sí!?
-Sí…
-Espera un momento. ¿No habías dicho que pasaste miedo con lo que soñaste anoche?
-Mira, mejor hablamos de otra cosa. ¿Has visto el frío que está haciendo esta semana?

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-Parte 1: en la desesperación está la oportunidad.
-Parte 2: presentarse es siempre el primer paso.
 
La habitación era grande aunque, debido al desorden que reinaba en ella, daba la impresión de que encogía con sólo centrar la mirada en cualquier punto de su interior. Una cama individual, pegada a la pared del fondo, constituía el único mobiliario del que disponía la estancia y en ella, cubierta por una pila de mantas, un bulto alargado, de una persona mayor a juzgar por lo poco de cabeza que quedaba expuesta fuera de las mantas, yacía en toda su extensión, del cabecero a los pies de la cama. Aquella persona permanecía inerte y ajena a la suciedad que devoraba su entorno. A la izquierda, una montaña de cajas de cartón se encontraba mal apilada amenazando con desparramarse. De algunas de ellas sobresalían prendas de ropa de aparente calidad chocando con el sitio tan humilde en el que se encontraban albergadas, unos embalajes de cartón que amenazaban con reventarse ante la presión de lo embalado. Aunque eso ya debió pasar con alguna caja dado que, desperdigados por el suelo cercano a la pared izquierda, multitud de trajes esperaban, seguramente desde hacía años, que alguien con sentido del orden los recogiera. Y estaba claro que, observando el estado del resto del suelo, nadie en aquella casa apreciaba la pulcritud. Restos de pañales sucios jalonaban la habitación, como el campo de minas sembrado por un ejército en retirada, haciendo casi imposible moverse por el dormitorio sin pisar un trozo de terreno impracticable. “¿Y yo tengo que entrar aquí cada día?”, pensó Jacinta asqueada mirando a su derecha. Allí descubrió algo que le heló la sangre, si es que aún se mantenía caliente sin sucumbir al frío polar que envolvía toda la parte norte de la casa, y aquella habitación en particular. Una ventana grande, casi ventanal, se abría a la calle a través de los cristales desnudos de cortinas y por los que entraba la luz, sólo entorpecida por unos barrotes verticales a través de los cuales sería imposible que cupiera una persona, aún siendo delgada. “¿Para qué habrán puesto barrotes si ningún ladrón podría escalar hasta este piso?”. Félix, adivinando los pensamientos de Jacinta, trató de aclarar sus dudas.
-Es para evitar que nuestro padre salte por la ventana.
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Comentarios

  • toko: holas la verdad esta  +omenos ^^ 
  • PEPE: NO ME A GUSTADO
  • malka: la musica es mi vida y mi pasion
  • Isa-chan: Enhorabuena!!! Lo pongo en la lista para comprarlo ;D

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