Relatos de ficción para una vida demasiado real.
No sé qué hago aquí. Bueno, sí que lo sé: he venido a la playa por ella, sólo por ella. Mírala, apenas puedo hacerlo de la emoción que siento al estar a su lado. Qué ojos, casi parece que me atraviesen como a un pedazo de…
-¿Qué piensas? –me pregunta. ¿Y yo qué respondo?-.
-Pienso –hazlo, hazlo-… En que no me he traído crema para el sol.
-No te preocupes –echa un vistazo a su amiga, sentada junto a ella en este grupo de cuatro asientos enfrentados, y me da la impresión de que le guiña un ojo justo en el momento en el yo que aparto la mirada-. Puedo dejarte la mía.
Sonríe, ha aguantado esa sonrisa hasta que he vuelto a mirarla. ¿Va a dejarme su bronceador? No puede ser, esto es un sueño. No sólo la veré en bikini sino que puede que, también… No, es imposible que me pida ayuda para untarse la crema.
-¿Y por qué no has traído tú a algún amigo? –pregunta la chica de la discordia-. Será un poco aburrido si sólo somos tres.
-Es un lunes por la mañana, todos estaban ocupados.
Mentira, una simple excusa para que ninguno se entrometiese. ¿Quién no querría venir con nosotros si se enterase de que acompaño a Sandra y a Alicia, las dos chicas más guapas de todo el instituto? Por mí que se queden con Alicia, pero con Sandra…
-No seas tonta –comenta esta última en voz alta. Su tono es marcado, como si quisiera enfatizar las palabras-. Con Marcos es imposible aburrirse.
-Eso espero.
Leer el resto de la entrada »