Pareja | Aletreando

Acerca de mí...

Que difícil es definirse a uno mismo cuando se es tan tímido como lo soy yo. Si tuviera que hacerlo con pocas palabras una de ellas sería la timidez. También la humildad, el tesón, y el buen humor. Si te sigue interesando saber más de mí (yo me lo haría mirar) solo tienes que pinchar un poco más abajo.

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Relámpagos destacados.

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24
May.

Haiku número 0491 - cuenta atrás.

haiku cuenta atrás

Pues sí. La cuenta atrás para el haiku número 500 ya ha comenzado. Quedan exactamente 9 días para el esperado momento (o 9 haikus). ¿Y por qué debería ser esperado? Como muchos ya sabréis me gusta celebrar cada centena regalando estas pequeñas composiciones a todo aquel que me las pida, repetando al máximo sus deseos. ¿Que te apetece tener un haiku para tu cumpleaños? Yo te lo hago. ¿Para una boda, bautizo o comunión? Pues también. ¿Que quieres regalarle a tu pareja un haiku de amor? Pues pídelo, adjuntando los detalles exactos, y yo me romperé la cabeza hasta encontrar el que te guste. Por que ésa es otra: tienen garantía de devolución. Me comprometo a repetirlo hasta que te parezca apropiado (aunque he de decir que no me ha pasado nunca).

Podéis ir pensando el tema de vuestro haiku. El momento para pedirlo será, como viene siendo habitual, comentando el futuro haiku número 500.

Quizá haga algo especial para este número tan redondo. Ya pensaré algo.

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16
May.

Empareja2 (17) - Relaciones laborales (parte 2).

Anterior.

La conversación continuó fluyendo por temas laborales. Pedidos, facturas, páginas web pendientes que eran incapaces de abarcar siendo tan solo dos personas en la minúscula empresa… Thaïs le comentó a Sergio la idea de contratar a alguien más aunque todavía se le escapaba del presupuesto destinado a personal.
-¿Crees que podrías tener a más gente con el sueldo que me pagas a mí? -preguntó Sergio masticando un bocado de su entrecot-. No puedo quejarme del dinero. Y si metieras a alguien más …
-Puedo reducirte el sueldo para abaratar los gastos -cortó Thaïs riendo, enfrascada en buscar supuestas espinas en su bacalao con tomate-. No. Ya te he dicho que de momento es solo una idea. Los pedidos pendientes pueden esperar. Acabaremos lo más urgente y después nos dedicaremos a ello -hizo una pausa para saborear el pescado, aún con cierto temor a pincharse las encías-. ¿Por qué me tenías miedo?
-Tampoco era miedo -Sergio notó como los colores volvían a aflorar a su rostro. Pensó rápidamente en como desembarazarse de la pregunta, aunque sin éxito-. No era miedo… Solo… Vergüenza.
-¿Vergüenza? -repitió Thaïs añadiéndole énfasis a la palabra-. ¿Vergüenza? No te imaginaba tan vergonzoso.
-Pues lo soy con quienes… Me intimidan.
-¿Yo te intimido?
-Un poco.
¿Te pica la curiosidad? Pues sigue leyendo…

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15
May.

Empareja2 (17) - Relaciones laborales (parte 1).

Sergio observó con detenimiento la habitación que se había convertido en su improvisado despacho. Todo cuanto había le resultaba extraño y, aunque quisiera negarlo, atrayente. Estanterías repletas de libros que no conocía, cajas de zapatos que servían como almacén de los más diversos objetos recopilados a lo largo de toda una vida, pósters ocupando cada porción vacía de las paredes… Y una llamativa caja sobre la mesa que le servía de escritorio cuyo interior se percibía a través del plástico transparente, conteniendo un llamativo vibrador en color rojo chillón junto con varios accesorios capaces, en teoría, de diversificar el placer hasta límites insospechados. Sergio acabó con la mirada fija en ese objeto, imaginándose la diversión que le habría proporcionado a su dueña.
-Si quieres te lo presto -dijo Thaïs entrando en la habitación, provocando que Sergio diera un respingo-. Si no te concentras aquí puedo buscarte un sitio en el lavabo.
-Perdona. Me había quedado en las nubes.
-En las nubes estás todo el día. Empiezo a arrepentirme de haberte contratado -Thaïs cogió una silla y se sentó junto a su nuevo empleado-. ¿Tienes lo que te pedí?
¿Te pica la curiosidad? Pues sigue leyendo…

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09
May.

¿Me quieres?

-¿Me quieres?
-Claro que te quiero –respondió el chico sin levantar la vista del “Marca”-. ¿Por qué lo preguntas?
-Hace mucho tiempo que no me lo dices.
-No tengo por que decírtelo a cada momento. Si no te quisiera no estaría contigo.
-Pero, ¿me quieres? –insistió la chica-.
-Claro.
-No lo dices muy convencido.
-¿Y cómo lo sabes? ¿Me lees la mente?
-Llevamos demasiado tiempo juntos. Sé lo que piensas.
-Te quiero –dijo el chico mirando a los ojos de su pareja-.
-No lo has dicho con el corazón.
-Te quiero con toda mi alma.
-¿Seguro?
-Te quiero –se declaró poniendo todo el énfasis posible en aquellas dos palabras. Notó que salían fáciles como sale un anillo enganchado gracias a unas gotas de aceite. Y entonces sintió como el amor se expandía de nuevo por su cuerpo-.
-Pues yo ya no te quiero.

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05
May.

¿Qué pasaría si no existiera el amor y el matrimonio se fundamentara en el sexo?

-¿Han venido a contraer matrimonio? -los jóvenes asintieron abrumados-. Bien. Tendrán que rellenar estos papeles y contestarme a un pequeño cuestionario.
La funcionaria extrajo unas hojas de un fichero que reposaba encima de su mesa y se las alcanzó a la pareja. La chica extendió el brazo recogiéndolas y, tras un vistazo, le dio la mitad a su futuro marido. Ambos miraron a la funcionaria esperando instrucciones.
-Es un simple contrato. Como el que se hace con una compañía de móviles. ¿Están de acuerdo en iniciar una vida en común? -volvieron a asentir. Aunque el chico tardó algo más-. Perfecto. Ya saben que con el contrato matrimonial el Estado otorga numerosas ayudas. Sobre todo a los jóvenes que estén dispuestos a tener hijos. ¿Es ése su caso?
-Supongo que sí -respondió la joven mirando a su pareja. El chico adoptó una expresión asustadiza pero acabó dando su consentimiento-. Aunque si he de de serle sincera lo que más nos interesa es poder emanciparnos de nuestros padres. Ya sabe como está el asunto de los pisos.
-Me hago cargo. Y supongo que entenderá que nosotros pidamos una serie de compromisos que garanticen el cumplimiento del contrato. Al fin y al cabo es por el bien del país -la funcionaria rebuscó en un bote con lapiceros localizando un bolígrafo-. Tendrán que firmar en cada hoja responsabilizándose del periodo mínimo de convivencia. Y en el supuesto de que lleguen a tener hijos -estiró el brazo señalando una casilla específica de los impresos-… Este apartado garantizará su posterior cuidado a partes iguales a cargo de sus progenitores. En este caso ustedes.
-Verá -dijo el chico rompiendo su silencio-. No creo que sean necesarios tantos formalismos. Nosotros sólo pretendemos tener sexo y ahorrarnos algo de dinero con la casa. No pensamos en niños por el momento.
-¿Sabe la cantidad de problemas que nos trae esta sociedad en la que vivimos? -los jóvenes se encogieron de hombros ignorando la respuesta-. Existe tan poco apego a las relaciones sociales que los juzgados están llenos de contenciosos siendo los niños los principales perjudicados. Y eso es algo que el Estado pretende evitar -se colocó sus gafas de pasta y, poniendo las manos sobre el teclado de su ordenador, inició el cuestionario–. ¿Cuántas veces tendrán sexo a la semana?
-¿Es necesaria esa pregunta? -preguntó la chica ruborizándose-.
-Forma parte de las cláusulas. Su incumplimiento puede ser motivo de divorcio. ¿Cuántas veces apunto?
-Ponga seis -respondió el chico mirando a su futura esposa. Ésta le devolvió una mirada cómplice-.
-Como se nota que son ustedes jóvenes. ¿Y el lugar de su casa dedicado en exclusiva a las discusiones?
-La cocina -respondió la chica con convicción-.
-El comedor -respondió el chico retando con la mirada a su pareja-.
-¿Y que lugar apunto?
-El comedor -afirmó la joven-. No quiero empezar discutiendo.
-Perfecto -la funcionaria hizo varias preguntas más imprimiendo posteriormente el cuestionario. También se lo alcanzó a la pareja-. Fírmenlo junto con las hojas que les di antes -los jóvenes obedecieron estampando su rúbrica sobre los papeles-. Pues ya están ustedes casados. Enhorabuena. Y ahora -hizo una pausa mientras tecleaba algo en el ordenador-… Tengo la obligación de avisarles de un pequeño problema. Tenemos una congestión importante en las demandas de divorcio por lo que estamos aceptando peticiones por anticipado. ¿Quieren que les reserve fecha?

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27
Abr.

Idea relámpago (3): tormenta.

“En la pareja amenaza cosntantemente la tormenta aunque todo esté en calma”.

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19
Mar.

Empareja2 (16) - De compras (parte 2).

Anterior.

-Quizá después de que pases un tiempo trabajando con ella no pienses lo mismo –dijo marta bajando la mirada. Una punzada de temor le encogió el corazón. Hasta ese momento no había caído en la remota posibilidad de que a Sergio pudiera gustarle su amiga-. Estar con ella es como vivir una fiesta continua. Tarde o temprano te acabas enganchando.
-Te recuerdo que vamos a trabajar –dijo Sergio apretando aún más la mano de su novia-. No tengo ningún interés en enrollarme con una compañera de trabajo –algo se le removió en el estómago. Y no era el helado-. Y menos siendo mi jefa.
-Eso espero –susurró Marta. Decidió cambiar de tema-. ¿Te has dado cuenta de que apenas queda un mes para que nos casemos?
-Tienes razón. Parecía que no iba a llegar nunca esta fecha y ya la tenemos a la vuelta de la esquina. Pero lo nuestro nos está costando.
-Demasiado tiempo y comidas de cabeza –dijo Marta retomando los lametones al helado. Éste amenazaba con desplomarse de la galleta-.
-Y demasiado dinero –Sergio imitó a su novia metiéndose la mitad del helado en la boca-. Por suerte ahora cambiaré de trabajo cobrando bastante más que en el restaurante. Con el primer sueldo aprovecharemos para contratar el viaje de la luna de miel. ¿A dónde te apetece ir?
-La verdad es que no tengo ni idea. Quizá deberíamos reservarlo por si nos sale algún contratiempo con la ceremonia. Te recuerdo que el convite no está completamente pagado.
-Sólo falta la mitad. Me dijiste que lo pagaríamos con el anuncio de ropa interior que has hecho –Sergio hizo una pausa para morder un trozo de galleta-. No sabía que estaba tan bien pagado. Si no fuera por que no me hace gracia que poses desnuda…
-No estoy desnuda –aclaró Marta. No era la primera vez que se enfrentaba a esa acusación-. Es una sesión de lencería no para una revista porno.
-Pero el fotógrafo te ve en bragas. Es como estar desnuda. Seguro que le pones.
-Eso es mentira –rebatió Marta sabiendo que mentía. No le resultaba muy agradable pensar en Mario-. ¿Tú sabes la cantidad de modelos que pasan delante de sus narices? Mil veces más guapas que yo.
-Lo dudo bastante –susurró Sergio acercándose hasta Marta para darle un beso. Ambos acabaron enfrascados en un morreo sin percatarse de que el helado se les caía-. ¡Mierda! –exclamó Sergio al sentir el frío líquido en la mano-. Se ha deshecho del todo.
-Me apetece un café con leche –dijo Marta levantándose para tirar lo que quedaba del helado a la papelera. Recogió los restos de Sergio e hizo lo mismo-. ¿Quieres uno?
Minutos más tarde ambos retomaron la conversación animada con el dulce sabor de un capuchino. Las palabras se difuminaban entre el humo del café recorriendo con detalle los últimos meses de la pareja evitando entrar en escabrosas confesiones de las que ambos huían como si fuera la peste. Perspectivas de futuro, retazos de pasado, preparativos de boda… Y fue en este punto donde Marta sorprendió a Sergio con una petición.
-¿Podría ser Thaís nuestra madrina?
-¿Qué? –preguntó Sergio contrariado-. ¿No habíamos quedado en que sería mi madre?
-Es que me gustaría que fuese ella. Sé que te lo tenía que haber dicho antes pero pensé que no te lo tomarías muy bien.
-¿No le dirías lo del trabajo para hacerme chantaje? ¿Para qué mejorase la opinión que tenía de ella?
-Eso no es cierto –se defendió Marta-. En ese momento no se me pasó por la cabeza lo de pedirle a Thaïs que fuera nuestra madrina.
-¿Y por qué no me lo dijiste antes?
-Ya te lo he dicho –Marta trató de argumentar su postura-. Desde que éramos niñas acordamos que seríamos la madrina de la otra en su boda. Sé que no era una promesa pero me gustaría cumplirla. Además –hizo una pausa-… Después de darte el trabajo me siento con el deber de agradecérselo.
-Ya sabía yo que me estabas haciendo chantaje.
-¿Por qué no llamas a Armando y le pides que sea nuestro padrino?
Sergio se quedó en blanco tras escuchar por sorpresa el nombre de su amigo. Algo en su cabeza explosionó dejando al descubierto una infancia perdida que se había resignado a desaparecer y ahora respiraba gracias a Marta.
-Armando –repitió Sergio recordando a su amigo-. ¿Cuánto tiempo hace que no nos vemos?
-El mismo que estamos juntos. Me lo presentaste una vez y no le volví a ver más.
-Es cierto. Nos peleamos aquella misma noche y juré que jamás volvería a llamarle.
-¿Y por qué no retomáis la amistad? –preguntó Marta-. Lámale. O ve a buscarle a su casa.
Sergio reflexionó durante unos segundos bajo la atenta mirada de su novia. Aunque estaba indeciso la incipiente sonrisa demostraba lo grato que le había parecido la idea.
-¿Crees que Armando querrá ser nuestro padrino?

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13
Mar.

Empareja2 (16) - De compras (parte 1).

-¿Te gusta éste? –preguntó Sergio señalando uno de los portátiles de la estantería-. Tiene de todo y la pantalla es bastante grande. Justo como lo necesito.
-¿No es un poco caro? –respondió Marta fijándose en la etiqueta del precio-. Son casi 1.400 euros. Los hay más baratos que ése que te gusta.
-¿Y a ti que más te da? –preguntó Sergio ligeramente irritado-. Lo paga Thaïs así que… Cogeré el que más me guste.
-Aunque lo pague Thaïs no significa que puedas gastarte lo que te dé la gana. No voy a dejar que la times desde el primer día.
-¿Y entonces tú que sugieres? Necesito un portátil potente que tenga una buena pantalla sobre la que hacer los diseños. No me gusta tener que moverme por un escritorio pequeño. Además –Sergio hizo una pausa para avisar por gestos a un dependiente que les observaba a escasos metros-… Thaïs ha montado una empresa y esto son gastos. Le sirve para deducir el iva.
-Ya le diré que te deduzca el sueldo también. No sé por que le sugerí tu nombre.
-¿Les interesa algún portátil? –preguntó amablemente el dependiente enarbolando una amplia sonrisa-. Éste tiene una calidad excelente. Perfecto para los diseñadores.
-Y para arruinarte el bolsillo –dijo Marta por lo bajo. El dependiente no pareció oírla-.
-¿Tiene instalado el Vista Ultimate? –preguntó Sergio-. No me gustaría tener que actualizarlo después.
-Viene integrado –respondió el dependiente-. Con 2 GB de ram y grabadora de DVD con “lightscribe”.
-¿Para qué quieres todo eso? –le recriminó Marta. Sergio pareció ignorarla-. ¿No vas a escucharme?
-Thaïs me dio 2.000 euros para gastármelos en un portátil. Y eso es lo que voy a hacer –continuó dirigiéndose al dependiente-. Me llevaré éste. ¿Me haces factura? –el dependiente asintió-. No sé por que te preocupas tanto. Al fin y al cabo quién paga es la empresa.
Sin intercambiar más palabras Marta y Sergio se dirigieron tras el dependiente. Éste llevaba la caja de cartón donde yacía el portátil manteniéndola bajo el brazo como si fuera el último tesoro de una isla electrónica. La cajera pasó el código de barras por el lector, imprimió el ticket de compra y lo grapó a un papel más grande donde constaban los datos de la nueva empresa de Thaís. Sergio sacó tres billetes de 500 euros de la cartera, pagó y, tras recoger el cambio, salió con Marta de la tienda. El rostro de ésta presagiaba tormenta.
-No te enfades –Sergio la cogió por la cintura intentando arrastrarla hacia él. Marta no se dejó-. Te invito a merendar. ¿Te apetece? –ella siguió imperturbable-. Podemos tomar un helado. De frutas del bosque, por ejemplo.
Marta fue incapaz de resistirse a un gran cucurucho de helado por lo que decidió aceptar la oferta y claudicar antes de iniciar la batalla. Tampoco le parecía un motivo por el que enfadarse el hecho del excesivo gasto en el ordenador. Por mal que le pesara Sergio tenía razón: Thaïs le había dado los 2.000 euros para que se los gastara en un portátil y no había dicho nada del precio máximo que tenía que alcanzar. Aunque tampoco le iba a regalar un extra de orgullo a su novio por lo que siguió sin hablarle hasta que ambos se sentaron en la terraza de una heladería con sendos cucuruchos en la mano de frutas del bosque.
-¿Fuiste tú quién le dijo que me contratara? –preguntó Sergio tras el primer lametón de helado-.
-Sí –contestó Marta haciendo lo propio-. Me comentó que había decidido lanzarse a la piscina y arriesgar sus ahorros en montar una empresa. No me dijo que buscase a alguien específicamente pero sí me comentó que no sabía si iba a poder llevarla ella sola. Por lo que se ve tiene una pequeña cartera de clientes que se ha llevado de su anterior trabajo –dio un nuevo lametón al cucurucho-. Le dije que tú sabías de diseño y se interesó en contratarte.
-Nunca lo hubiera imaginado –comentó Sergio-. Siempre pensé que le caía mal. Y ahora vamos a trabajar juntos. Desde luego la vida da muchas vueltas.
-Tampoco os habéis visto tantas veces como para saber que le caías mal.
-Siempre me ha dado esa impresión –Sergio mordió un pedazo de galleta-. Desde que me acerqué a ella para conocerte a ti.
-Ahora que lo dices… Puede que le jodiera que fueras a por mí en vez de atacarla a ella. No lleva muy bien las derrotas cuando se trata de conquistar a un hombre. Siempre hemos sido amigas y jamás he ligado yo antes que ella. Y todos mis novios, cuando la conocían, trataban de enrollarse con ella.
-Menos yo –Sergio pasó la mano por debajo de la mesa y estrechó la de Marta con ternura. Ésta le correspondió mientras le dedicaba la mejor de sus miradas-. Jamás me ha interesado Thaïs. Y jamás me interesará.

Siguiente.

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25
Feb.

Empareja2 (15) - Eligiendo sabores (parte 2).

Anterior.

La sucesión de platos fue apabullante. Veinte tipos de entrantes solo para abrir boca: croquetas, empanadillas, cuatro variantes de primer plato, acumulando en la mesa tal cantidad de vajilla repleta de comida que a duras penas lograban sitio para colocar algo nuevo. Pero lo conseguían. Y de vuelta a la cocina el camarero acarreaba con los platos vacíos y los suspiros de plenitud de los comensales que eran capaces de escucharse hasta en la barra del bar del otro lado del comedor.
-Yo no puedo más –comentó Sergio ajustándose el cinturón. Las dos mujeres asintieron con la cabeza-. Como siga trayendo más comida me explotará el estómago. Le voy a tener que decir que me lo guarden para el perro.
-No sabía que habían más perros en casa aparte de ti –dijo Thaïs introduciéndose un trozo de jamón en la boca-. Espero que sea un San Bernardo.
-Y todavía quedan los segundos y el postre –comentó Marta. Emitió un grito de terror al ver salir al camarero con otros tres platos-. ¿Nos podías traer una muestra de cada menú? –suplicó Marta cuando depositó la comida sobre la abarrotada mesa-. Estamos repletos y con solo una muestra ya nos haremos una idea de cómo será la ración.
-Sólo queda el chuletón, la pierna de cordero y el rodaballo –apuntó el camarero. Los tres comensales emitieron un suspiro de plenitud-. Puedo traer un plato de cada y repartirlo entre tres. Como tenemos más degustaciones esta mañana no habrá ningún problema. ¿De los pasteles también?
-Para eso ya encontraremos un hueco –dijo Thaïs sonriendo. Marta Y Sergio estuvieron de acuerdo-. ¿Quién se resiste a algo dulce?
El resto de la comida fue algo más ligera. Los platos resultaron ser del tamaño adecuado para esas alturas de la degustación y, entre risas y piques varios, dieron cuenta rápidamente de los tres segundos. Instantes después el camarero recogía la mesa al completo trayendo posteriormente las muestras de pasteles.
-Éste de nata está de muerte –dijo Marta comiendo una cucharada-. De momento es el que más me ha gustado-.
-Por que todavía no has probado el de chocolate –puntualizó Thaïs mientras degustaba tres variedades de pastel alternativamente-. Aunque el de frutas del bosque tampoco se queda atrás. Yo me casaba sólo para hincharme a tarta.
-No sé quién te iba a querer a ti –comentó Sergio iniciando un nuevo ataque-. Si encuentras a alguien que te soporte seguro que es un santo.
-A mí los santos no me gustan –dijo Thaïs atacando a la tarta de chocolate-. Prefiero los demonios. Desde mi punto de vista son más interesantes.
-Por los cuernos, supongo –Sergio se dio cuenta demasiado tarde de lo inapropiadas que podían ser sus palabras. Marta sintió ganas de meterse debajo de la mesa tras una pícara sonrisa que le dirigió su amiga-.
-A mí los cuernos no me van –dijo Thaïs-. Prefiero las parejas liberales donde las relaciones se acuerdan entre ambos miembros de la pareja –hizo una pausa mientras degustaba la tarta de frutas tropicales-. Por cierto. Hablando de cuernos –Marta y Sergio sintieron como la comida se les revolvía en el estómago. Thaïs continuó hablando dirigiéndose a su amiga-. ¿Qué ha pasado con tu hermano? ¿Realmente lo ha dejado con Lucía?
-Sí –contestó Marta dejando la cucharilla sobre uno de los platos de postre vacíos-. Ha sido definitivo. Toda la familia pensaba que acabarían casándose y al final han cortado.
-Nunca se sabe por que caminos te lleva el amor –sentenció Thaïs-.
-Es cierto –prosiguió Marta-. Pero hacían tan buena pareja… Jamás lo hubiéramos pensado. Ni siquiera mi padre que, aparentemente, jamás tragó a Lucía. Y ahora echa de menos las discusiones con su yerna. Que vida más extraña –hizo una pequeña pausa tratando de apartar la tristeza-. Por cierto –continuó dirigiéndose a Sergio-. Rafa me ha dicho que le gustaría quedar contigo.
-¿Conmigo? –preguntó extrañado-. ¿Para qué quiere Rafael quedar conmigo?
-Me dijo que se había quedado solo. Lucía se llevó los amigos que tenían. Y como contigo siempre se ha llevado bien pensó que podías salir con él alguna tarde. Al gimnasio por ejemplo.
-¿Lo pensó él o se lo insinuaste tú? –preguntó Sergio-.
-Ambas cosas. Tampoco creo que te cueste mucho. Además. Por la tarde no trabajas.
-Veré lo que puedo hacer –Sergio degustó un último trozo de pastel de frutas del bosque y apartó el plato hacia el centro de la mesa-. ¡Buf!. No me entra ni un café. ¿Vosotros queréis?
-Estoy llena –dijo Marta-.
-Yo también –afirmó Thaïs-. Aunque un chupito entraría…
-¿Has venido para probar los menús o para emborracharte? –preguntó Sergio con ironía-.
-Para lo primero –contestó Thaïs-. Estando contigo no me emborracharía en la vida. Como para fiarse.
-También ha venido para otra cosa –dijo Marta acallando la rencilla. Continuó dirigiéndose a su amiga-. ¿No querías proponerle algo?
-¿Después de lo mal que se ha portado conmigo? –preguntó Thaïs adoptando un tono lastimero. Sergio la miraba expectante-. Quería ofrecerte un trabajo.
-¿Un trabajo? –repitió Sergio incrédulo-. ¿Vas a ofrecerme un trabajo?
-Así es. Siempre que te interese, claro.
-Cuéntame y te lo diré.
-Ya sabes que trabajo como “freelance” para una empresa de internet. Diseñando webs y creando contenido multimedia –Sergio asintió-. Bien. He decidido montar mi propia empresa y necesito a alguien que me apoye en el diseño de páginas web. Había pensado en ti.
-Pero –Sergio dudó. La propuesta le había sorprendido gratamente aunque no estaba del todo seguro de poder aceptarla-… Hace tiempo que no toco la informática. Y mucho más el “html”.
-No te preocupes por eso –dijo Thaïs-. Puedes reciclarte haciendo unos cursos. Yo te pago la academia. Bueno. La empresa –hizo una pausa mientras miraba a los ojos de Sergio. Éste mantenía la mirada y, aunque hubiese preferido evitarlo, en ella se atisbaba un halo de gratitud-. ¿Qué me dices? ¿Te apuntas?
-Siempre será mejor que hacer bocadillos. Veré lo que puedo hacer.
-Más de lo que espero –apuntó Thaïs-. Estoy segura. Sólo necesitas comprarte un portátil. La mayor parte del tiempo trabajarás en vuestra casa. El resto en la mía. En adelante el domicilio social de la empresa.
-Espero que podáis aguantaros mutuamente –dijo Marta sonriendo-. De todas las combinaciones posibles jamás me hubiera imaginado que fuerais a trabajar juntos.
-La vida da muchas vueltas –sentenció Thaïs-. Mira. Hoy me he levantado filosófica.
-¿Te acostaste con un filósofo? –preguntó Sergio riendo-. ¿O te dormiste leyendo un libro de autoayuda?
-Vais a disfrutar mucho trabajando juntos –dijo Marta. Alzó la mirada observando como el camarero se acercaba libreta en mano-. Espero que no traigas nada más de comer.
-Ya hemos terminado –dijo sacando el capuchón del bolígrafo-. ¿Quieren algún café? –los tres negaron con la cabeza-. Aunque sé que es demasiado pronto, ¿tienen ya el menú decidido?

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24
Feb.

Idea relámpago (3): messenger.

“Si en tu pareja hay problemas de comunicación prueba con el Messenger”.

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