Relatos | Aletreando

Acerca de mí...

Que difícil es definirse a uno mismo cuando se es tan tímido como lo soy yo. Si tuviera que hacerlo con pocas palabras una de ellas sería la timidez. También la humildad, el tesón, y el buen humor. Si te sigue interesando saber más de mí (yo me lo haría mirar) solo tienes que pinchar un poco más abajo.

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Relámpagos destacados.

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Por que el tiempo es más valioso que las palabras.

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03
Jun.

Infimocuentos: la mujer desnuda.

Marco era un pintor atormentado por una maldición que día a día pesaba más sobre su existencia.
-Quiero que mis lienzos se vendan como oro en paño -le había suplicado al brujo errante-.
-Está bien -le contestó éste-. Serás el pintor en vida mejor pagado de la historia pero a cambio ninguna persona querrá saber nada más de ti. A los ojos de los demás solo serás un vulgar pintor.
“Solo serás un vulgar pintor”. Diariamente escuchaba Marco esas palabras. Se repetían hasta la saciedad en su mente mientras deambulaba de mercado en mercado ganándose unas monedas haciendo retratos o pequeñas caricaturas. “Si al menos pudiera pintar a una mujer desnuda”, pensó mientras levantaba su pequeño caballete próximo a una de las esquinas del mercado. Acto seguido le vinieron de nuevo las palabras del mago. “La única manera de romper la maldición es pintando a una mujer desnuda. Retrata con detalle cada una de sus curvas hasta atraparla en el lienzo y tus penas se habrán acabado”. En el preciso momento de escucharlas creyó que sería fácil. Pero no había contado con que nadie entablaría la suficiente conversación con él como para pedirle una pintura de esas características. Y mucho menos las mujeres cuya fama de supuesto acosador le precedía a su pesar varios pueblos por delante. Jamás se le acercaba ninguna a quince metros a la redonda.
¿Te pica la curiosidad? Pues sigue leyendo…

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09
May.

¿Me quieres?

-¿Me quieres?
-Claro que te quiero –respondió el chico sin levantar la vista del “Marca”-. ¿Por qué lo preguntas?
-Hace mucho tiempo que no me lo dices.
-No tengo por que decírtelo a cada momento. Si no te quisiera no estaría contigo.
-Pero, ¿me quieres? –insistió la chica-.
-Claro.
-No lo dices muy convencido.
-¿Y cómo lo sabes? ¿Me lees la mente?
-Llevamos demasiado tiempo juntos. Sé lo que piensas.
-Te quiero –dijo el chico mirando a los ojos de su pareja-.
-No lo has dicho con el corazón.
-Te quiero con toda mi alma.
-¿Seguro?
-Te quiero –se declaró poniendo todo el énfasis posible en aquellas dos palabras. Notó que salían fáciles como sale un anillo enganchado gracias a unas gotas de aceite. Y entonces sintió como el amor se expandía de nuevo por su cuerpo-.
-Pues yo ya no te quiero.

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19
Mar.

Empareja2 (16) - De compras (parte 2).

Anterior.

-Quizá después de que pases un tiempo trabajando con ella no pienses lo mismo –dijo marta bajando la mirada. Una punzada de temor le encogió el corazón. Hasta ese momento no había caído en la remota posibilidad de que a Sergio pudiera gustarle su amiga-. Estar con ella es como vivir una fiesta continua. Tarde o temprano te acabas enganchando.
-Te recuerdo que vamos a trabajar –dijo Sergio apretando aún más la mano de su novia-. No tengo ningún interés en enrollarme con una compañera de trabajo –algo se le removió en el estómago. Y no era el helado-. Y menos siendo mi jefa.
-Eso espero –susurró Marta. Decidió cambiar de tema-. ¿Te has dado cuenta de que apenas queda un mes para que nos casemos?
-Tienes razón. Parecía que no iba a llegar nunca esta fecha y ya la tenemos a la vuelta de la esquina. Pero lo nuestro nos está costando.
-Demasiado tiempo y comidas de cabeza –dijo Marta retomando los lametones al helado. Éste amenazaba con desplomarse de la galleta-.
-Y demasiado dinero –Sergio imitó a su novia metiéndose la mitad del helado en la boca-. Por suerte ahora cambiaré de trabajo cobrando bastante más que en el restaurante. Con el primer sueldo aprovecharemos para contratar el viaje de la luna de miel. ¿A dónde te apetece ir?
-La verdad es que no tengo ni idea. Quizá deberíamos reservarlo por si nos sale algún contratiempo con la ceremonia. Te recuerdo que el convite no está completamente pagado.
-Sólo falta la mitad. Me dijiste que lo pagaríamos con el anuncio de ropa interior que has hecho –Sergio hizo una pausa para morder un trozo de galleta-. No sabía que estaba tan bien pagado. Si no fuera por que no me hace gracia que poses desnuda…
-No estoy desnuda –aclaró Marta. No era la primera vez que se enfrentaba a esa acusación-. Es una sesión de lencería no para una revista porno.
-Pero el fotógrafo te ve en bragas. Es como estar desnuda. Seguro que le pones.
-Eso es mentira –rebatió Marta sabiendo que mentía. No le resultaba muy agradable pensar en Mario-. ¿Tú sabes la cantidad de modelos que pasan delante de sus narices? Mil veces más guapas que yo.
-Lo dudo bastante –susurró Sergio acercándose hasta Marta para darle un beso. Ambos acabaron enfrascados en un morreo sin percatarse de que el helado se les caía-. ¡Mierda! –exclamó Sergio al sentir el frío líquido en la mano-. Se ha deshecho del todo.
-Me apetece un café con leche –dijo Marta levantándose para tirar lo que quedaba del helado a la papelera. Recogió los restos de Sergio e hizo lo mismo-. ¿Quieres uno?
Minutos más tarde ambos retomaron la conversación animada con el dulce sabor de un capuchino. Las palabras se difuminaban entre el humo del café recorriendo con detalle los últimos meses de la pareja evitando entrar en escabrosas confesiones de las que ambos huían como si fuera la peste. Perspectivas de futuro, retazos de pasado, preparativos de boda… Y fue en este punto donde Marta sorprendió a Sergio con una petición.
-¿Podría ser Thaís nuestra madrina?
-¿Qué? –preguntó Sergio contrariado-. ¿No habíamos quedado en que sería mi madre?
-Es que me gustaría que fuese ella. Sé que te lo tenía que haber dicho antes pero pensé que no te lo tomarías muy bien.
-¿No le dirías lo del trabajo para hacerme chantaje? ¿Para qué mejorase la opinión que tenía de ella?
-Eso no es cierto –se defendió Marta-. En ese momento no se me pasó por la cabeza lo de pedirle a Thaïs que fuera nuestra madrina.
-¿Y por qué no me lo dijiste antes?
-Ya te lo he dicho –Marta trató de argumentar su postura-. Desde que éramos niñas acordamos que seríamos la madrina de la otra en su boda. Sé que no era una promesa pero me gustaría cumplirla. Además –hizo una pausa-… Después de darte el trabajo me siento con el deber de agradecérselo.
-Ya sabía yo que me estabas haciendo chantaje.
-¿Por qué no llamas a Armando y le pides que sea nuestro padrino?
Sergio se quedó en blanco tras escuchar por sorpresa el nombre de su amigo. Algo en su cabeza explosionó dejando al descubierto una infancia perdida que se había resignado a desaparecer y ahora respiraba gracias a Marta.
-Armando –repitió Sergio recordando a su amigo-. ¿Cuánto tiempo hace que no nos vemos?
-El mismo que estamos juntos. Me lo presentaste una vez y no le volví a ver más.
-Es cierto. Nos peleamos aquella misma noche y juré que jamás volvería a llamarle.
-¿Y por qué no retomáis la amistad? –preguntó Marta-. Lámale. O ve a buscarle a su casa.
Sergio reflexionó durante unos segundos bajo la atenta mirada de su novia. Aunque estaba indeciso la incipiente sonrisa demostraba lo grato que le había parecido la idea.
-¿Crees que Armando querrá ser nuestro padrino?

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12
Feb.

Infimocuentos: sin palabras de Jerry.

Este cuento lo escribí para los perezoso golden blogs, un concurso de relatos del blog de Bufón Digital. No dudéis en pasearos por allí.

-Te lo juro mamá –replicó la niña insistentemente. Su madre la miraba sin poder evitar una ligera sonrisa-. Jerry puede hablar.
El hámster degustaba una pipa, ajeno a la conversación, tras la cual se atusó vigorosamente los bigotes. Madre e hija lo miraban expectantes sin que las ansiadas palabras se produjeran.
-Es hora de que te vayas a la cama. Empieza a ser tarde.
-¡Pero mamá…!
-Estoy muy cansada. Llévate a Jerry a tu habitación y métete en la cama. Ahora iré a arroparte.
La niña marchó enfurruñada llevándose consigo la jaula del hámster mientras éste mullía su pequeño lecho de algodón. Entró en su dormitorio, colocó la jaula con su inquilino encima de la mesita de noche y se metió dentro de la cama apartando las mantas hacia un lado.
-¿¡Por qué no has hablado!? –preguntó furiosa dirigiéndose al hámster-. Mamá no me ha creído. ¡Tenías que haber hablado con ella!
-Eso no serviría de nada –comentó el hámster. Avanzó hacia los barrotes y se irguió agarrándose a ellos-. Puede que se volviese loca al oír hablar a un ratón. Seguramente pensaría que mi voz es fruto de su imaginación.
-¡Pero yo te escucho!
La madre entró en el dormitorio interrumpiendo el diálogo y se acercó hasta la niña alcanzándole uno de sus osos de peluche. Ésta lo abrazó con fuerza.
-Duerme tranquila –susurró mientras la arropaba-. Mañana tienes que levantarte pronto para ir al colegio.
-Pero…
-Ponte a dormir. Mañana me cuentas lo que quieras.
Acto seguido la madre marchó de la habitación apagando la luz y cerrando la puerta tras sus pasos. La niña quedó en penumbras mientras los pensamientos golpeaban con insistencia su cabeza. “¿Por qué no has hablado delante de mamá?”, pensó apretando aún más fuerte al muñeco. “Sé que puedes hacerlo. No es mi imaginación”.
-Yo creo que sí –replicó una vocecita proveniente de sus brazos-.

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05
Feb.

Infimocuentos: encuentro con el pasado.

-¿Qué haces aquí solo? –pregunté mirando a aquel niño solitario erguido en el cruce de caminos. Su aspecto me resultaba ligeramente familiar-. ¿Estás esperando a alguien?
-A ti –respondió sin pestañear. Ante mi sorpresa procedió a explicarse-. Soy tu pasado y he venido a encontrarme contigo para comprobar que has cumplido todos mis deseos.
-¿Todos tus deseos? –repetí desconcertado-. ¿A que te refieres?
-A ver –el niño sacó una hoja de papel pintarrajeada-. ¿Eres astronauta?
-Siento decepcionarte pero no. Tan solo soy un delineante que trabaja en una oficina.
-Una cosa menos –hizo un pequeño tachón sobre la hoja-. ¿Has dado la vuelta al mundo?
-No. Lo más lejos que he ido ha sido a Andorra. Y ni siquiera pasé a Francia.
-¿Has luchado con un oso?
-¿Con un oso? –no pude evitar reírme. El niño frunció el ceño-. El animal más salvaje que he visto ha sido un perro callejero. Y acabó mordiéndome el culo.
-Que emocionante será mi vida. Espero que por lo menos tengas un coche deportivo.
-Tampoco. Tendrás que conformarte con mi Seat Ibiza. Lo compré hace poco de segunda mano.
-¿No has cumplido nada? –preguntó el niño con enojo-.
-Sí que he cumplido algo. Conseguí hacerme mayor. Tal como querías.
-¿Y no tienes que obedecer las órdenes de nuestros padres?
-Bueno, casi. Aún sigo viviendo en su casa –el niño abrió la boca en un gesto de sorpresa. Iba a replicarme pero le corté antes de que pudiera decir nada-. ¡Espera! He hecho planes.
-Vaya. Parece que seguimos comportándonos de la misma manera.
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27
Dic.

Infimocuentos: Los Santos Inocentes.

-¿Sabes que día es mañana? –preguntó el hada de los cereales. Estaba mucho más enterada en los temas humanos que su amiga, el hada de la fruta madura. Y le gustaba restregarle su profundo conocimiento-. Es el día de los Santos Inocentes.
-¿Los Santos Inocentes? –repitió con extrañeza su amiga-. ¿Y qué significa eso? ¿No se supone que todos los santos son inocentes?
-Es la conmemoración de una fecha importante para los cristianos –explicó el hada de los cereales-. La matanza de niños en Belén a cargo del rey Herodes.
-¿Y se conmemora una matanza? Desde luego estos humanos son realmente extraños.
-Y todavía no has escuchado lo mejor. Resulta –se acercó hasta el hada de la fruta madura y le susurró en el oído a modo de confidencia-. .. Resulta que se gastan bromas.
-¿Bromas? ¿Se gastan bromas para celebrar una matanza de niños? Seguro que te lo has inventado.
-En serio. Se gastan bromas. Desde los más ricos a los más pobres. Incluso los periódicos bromean.
-¿Y como es que no me había enterado antes? –preguntó el hada de la fruta madura. Era incapaz de asimilar tanto conocimiento de golpe-. No vivo en la ciudad, como tú. Pero también tengo contacto con los seres humanos.
-Bueno. Simplemente no habrá coincidido –el hada de los cereales hizo una pausa mientras sopesaba una idea que se le acababa de ocurrir-. ¿Quieres hacer un concurso?
-¿Un concurso? ¿Qué tipo de concurso?
-Podemos competir a ver quién consigue hacer más bromas. La que gane se queda con los polvos mágicos de la otra.
-¿Y cómo vamos a demostrar el número de bromas?
-Haremos fotos del momento en el que los seres humanos se den cuenta de que estábamos bromeando con ellos –el hada de los cereales le tendió la mano a su amiga-. ¿Hay trato?
-Lo hay.
Sellaron el acuerdo con un apretón de manos y se despidieron hasta el día siguiente. Ambas volvieron a encontrarse en el mismo manzano, propiedad del hada de la fruta madura.
-¿Qué tal te ha ido? –preguntó ésta con una amplia sonrisa en el rostro. En la cara de su amiga intuyó el fracaso-. No pareces muy contenta.
-Y no lo estoy –dijo el hada de los cereales sentándose pesadamente junto a su amiga-. Me ha ido fatal. ¿Y a ti?
-Mejor que bien. Mira las fotos –el hada de la futa madura le tendió una pila de imágenes-. En ésta cambié a un granjero una pera por un higo chumbo justo en el momento en el que la cogía. En ésta espanté un nido de avispas que había al lado de un niño. Mira como llora.
Tras varios minutos, y multitud de fotografías con maldades, le tocó el turno al hada de los cereales. Ésta sacó con vergüenza sus instantáneas y comenzó a pasárselas a su compañera. Todas se diferenciaban claramente. No había llantos, ni gente gritando, tampoco ningún enfado… Todos parecían alegres.
-Esta foto la hice tras poner una cáscara de plátano en el suelo. Y se calló un ladrón que huía de la policía. En ésta metí un petardo en un cigarro y el que se lo intentaba fumar me dio las gracias por ayudarle a dejarlo –el hada de los cereales sintió como la pena se apropiaba poco a poco de su ánimo-. En esta foto le quité un caramelo a un niño y la madre me dio las gracias por haberlo hecho. En ésta…
No pudo más y rompió a llorar. Su amiga la estrechó en un abrazo.
-¿Por qué te pones a llorar ahora? –preguntó el hada de la fruta madura mientras intentaba dar consuelo a su compañera-. Solo es un poco de polvo mágico. Volverás a tener más.
-No es por eso –dijo el hada de los cereales entre sollozos-. Es por que no sé hacer nada bien.
-No te preocupes. Eres tan buena que ni siquiera aposta puedes hacer maldades.
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24
Dic.

Infimocuentos: Papá Noel.

-¿Eres Papá Noel? –la niña le miraba desde la puerta del comedor mientras se restregaba los ojos tratando de ahuyentar el sueño. Éste luchaba en contra suyo intentando cerrárselos-. ¿Has venido a traerme los regalos?
El hombre se giró acobardado dejando el valioso reloj sobre la repisa de la chimenea. Las brasas titilaban entre las cenizas quemándole la piel que no cubría el abultado traje rojo. Miró a la niña sin atreverse a decirle nada.
-¿Eres Papá Noel? –insistió. Avanzó lentamente hacia donde éste se encontraba-. Mi Mamá me ha dicho que me traerías muchos regalos. Este año he sido muy buena.
-¿Seguro? –una tos seca interrumpió las palabras del hombre. La voz que intentaba imitar era demasiado grave-… ¿Seguro que te has portado bien?

Las luces del árbol de navidad alumbraban la escena como una bola de espejos girando solitaria en una discoteca con solo dos personas sobre la pista. Ambas se miraban sin saber que decirse. Una de ellas estaba ilusionada ante la posibilidad de conocer a uno de sus sueños infantiles. La otra asustada al ser descubierta en sus propósitos. La base del árbol, que dominaba el centro de la estancia, estaba repleta de paquetes envueltos en vivos colores. La niña avanzó hasta ellos revolviéndolos hasta encontrar los que llevaban su nombre.
-Seguro que está todo lo que habías pedido –el hombre retrocedió lentamente hasta la ventana. Aún siendo una noche fría los cristales estaban abiertos de par en par-. Tengo que marcharme a visitar a otros niños.
-¡Espera! –gritó la niña dejando los regalos en su sitio. Acto seguido corrió hacia el hombre. Éste no pudo reprimir el pánico-. Quiero darte las gracias –la niña se colgó del traje obligando a su dueño a agacharse-. Y darte un beso –puso los labios en cada una de las mejillas del hombre plantándole un sonoro beso-. ¿Te acordarás de todo lo que te pedí?
-Claro –la garganta le dolía con cada palabra que articulaba-. Lo tienes todo bajo el árbol.
-Los regalos no. Quiero que me traigas a mi papá.
El silencio se hizo nuevamente entre los dos. Ambos se miraban teniendo los ojos a la misma altura. Tras unos segundos el hombre consiguió levantarse sin ofender a la niña. Acarició con dulzura su cabeza y se encaramó a la ventana.
-Quizá mañana tu padre venga a visitarte. Aunque puede que no se haya portado tan bien como para merecer verte.
Tras las últimas palabras el hombre desapareció de un salto hacia la calle. La niña se aupó tratando de divisarle pero la oscuridad del jardín, unida a la bruma nocturna, ocultó su llamativo traje. “Como me gustaría volver a verte, Papá”, pensó la niña mientras cerraba la ventana. Aún tenía los ojos de papá Noel en mente. Unos ojos que le resultaban curiosamente familiares. “Estoy seguro de que vendrá. Mi padre siempre se ha portado bien”.
“Casi me reconoce”, pensaba el hombre mientras saltaba la valla del jardín tratando de no engancharse en el alambre de espino. “¿Por qué se me ocurriría esta idea absurda? Recuperar mis cosas entrando de noche en mi casa no ha estado bien. Por fortuna me disfracé de Papá Noel”. Abrió la puerta del coche, aparcado cerca de la valla, y depositó dentro el saco con todos los objetos. “Menos mal que mi ex mujer sigue contándole el mismo cuento a la niña”.

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14
Dic.

Empareja2 (13) - Cada uno por su lado (parte 1).

Marta terminó de ducharse con celeridad y, como había hecho antes Sergio, se acicaló concienzudamente para la cita que se avecinaba. Afortunadamente su pareja había salido antes por lo que no tendría que dar explicaciones sobre por que se arreglaba tanto para una sesión de fotos. Marta no le dijo que había quedado personalmente con el fotógrafo, que la cita era en el piso de éste, ni siquiera que, supuestamente, iba con la excusa de la confección de su “book”. Ella se había repetido mentalmente esa excusa multitud de veces durante los últimos días pero en su interior latía un ligero nerviosismo que crecía a medida se acercaba la hora imposible de explicarse como simples expectativas ante una sesión de fotos. Y la ropa interior que había elegido, de encaje negro con un llamativo ribeteado rojo, no casaba directamente con esa idea preconcebida. “Es por si tengo que posar en bragas”, pensó Marta mintiéndose a si misma mientras se miraba en el espejo. Terminó de vestirse, se pulverizó una nube de perfume y salió a la calle asegurándose antes de su aspecto. Miró el reloj: las ocho de la tarde. “No sé si llegaré a tiempo. Buscaré un taxi”. Paró uno y veinte minutos más tarde se encontraba ante el portal del edificio del fotógrafo.
-¿Quién es? –una voz masculina atronó a través del interfono-.
-Soy Marta. Vengo por lo de la sesión de fotos.
El chirrido de la cerradura le indicó la apertura de la puerta, la empujó y se adentró en el vestíbulo del edificio. Era una estancia reducida con una escalera que subía caracoleando por la izquierda y un antiguo ascensor en el centro y al fondo. Avanzó hasta él, abrió la verja de hierro y pulsó el botón del tercer piso. El ascensor se elevó entre crujidos y tambaleos hasta pararse en la cuarta planta. Marta suspiró de alivio cuando salió de lo que acordó en denominar “cacharro”, giró a la derecha y pulsó el botón de la puerta B. Tras unos instantes ésta se abrió chirriando denotando su antigüedad y falta de aceite.
-Hola Marta –saludó Marcos. Su aspecto era imponente vestido de sport en diseño italiano. Un halo a colonia masculina le envolvía rivalizando en intensidad con el aroma a salsa boloñesa proveniente de la cocina-. Estás preciosa. Pasa al comedor y ponte cómoda. Ahora te sirvo una copa.

————————————————

-¡Sergio!
Todos los integrantes de la larga mesa corearon al unísono el nombre del recién llegado. Ya habían sido acomodados en el comedor a la espera del último comensal.
-Hola a todos –dijo Sergio-. No voy a saludaros uno a uno así que imaginaros que sí que lo he hecho.
Avanzó hacia la única silla vacía deteniéndose de vez en cuando a intercambiar algunas palabras con los ex compañeros que le salían al paso sin levantarse del asiento. Una vez llegó al suyo comprobó con alegría que le habían sentado junto a Idoia y frente a Miguel y a Ángel. Dio gracias al destino por ello aunque, a juzgar por un guiño sospechoso de Ángel, no debía ser cosa suya.
-Hola Idoia –saludó dándole dos besos. Tuvo la sensación de que las comisuras de los labios de ambos se rozaban-. ¿Cómo estáis vosotros?
-Hola Sergio –respondió Miguel con una sonrisa-. Deseando verte y saber que te cuentas.
-Que se va a contar –rió Ángel. Continuó con un chiste que había estado pensando toda la tarde-. Su vida ahora es como un bocadillo: fría y sin complicaciones.
El entorno más cercano rió la gracia. Sergio se mantuvo serio mientras cesaban las risas y se quitaba la chaqueta colgándola del respaldo de la silla.
-Veo que tus chistes son igual de malos que antes. Si te metieras en un circo acabarías encerrado en la jaula de los monos.
De nuevo estallaron las carcajadas esta vez debido al contrincante. A Ángel se le congeló la sonrisa en la boca mientras unos tonos rosados se le acumularon en las mejillas.
-Dejadlo ya –dijo Miguel mediando entre sus dos amigos-. Parece que el tiempo no pase. Os comportáis igual que en las antiguas cenas de empresa.
-¿Y que tal por allí? –preguntó Sergio apartando la tensión de la mesa-. ¿Todo sigue igual?
-Como tú lo dejaste –contestó Ángel-. De nuestra sección solo te despidieron a ti. De lo demás no ha variado nada.
-Bueno, algo sí –Miguel miró a Idoia señalándola con la cabeza-. La han nombrado supervisora. Es nuestra jefa.
-No soy vuestra jefa –Idoia bajó la mirada sonrojándose-. Solo soy supervisora. Reviso vuestro trabajo. Nada más.
-Pues eso –puntualizó Miguel-. Nuestra jefa. Muy buena. Pero la jefa al fin y al cabo.
-La más guapa de todas las jefas –apuntó Ángel-.
-Eso es imposible de negar –comentó Sergio mirando a la chica con una sonrisa seductora en los labios. Las piernas de ambos se rozaban por debajo de la mesa sin que ninguno de los dos quisiera apartarlas.

Siguiente.

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02
Nov.

Relatalia.

Me he estado pasando por Relatalia y veo que aún le falta un empujoncito para arrancar. No es que yo pueda hacer mucho pero lo intentaré.
Uberum estuvo pensando: ¿por qué no hacer una web al estilo Meneame pero en vez de con noticias con relatos? Y así nació Relatalia. Allí puedes enviar todas tus historias preferidas. De tus páginas favoritas e, incluso, las tuyas propias. No dudes en participar. Puedes votar tus preferidas y hacer comentarios sobre las que has leído. Pero lo más importante: no hay voto negativo. Lo más negro de las webs sociales.
Como dice su lema, déjate de cuentos y envía tu relato.
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16
Oct.

EncadenaMemes.

Hoy quisiera poner en práctica una idea que llevo muchos meses amasando en la cabeza. Más de uno habréis seguido alguna cadena de Memes (invitaciones que se mandan entre sí los bloggers para comentar algún tema en concreto). Yo siempre he estado en contra de participar en ellos (lo siento por los que me incluyeron) por que me parece algo aburrido y monótono para el lector del blog. Entonces se me ocurrió crear los EncadenaMemes. ¿Qué son? Cadenas de relatos unidos entre sí por una parte del texto. Se trata de mandar invitaciones a otro blogger para que, partiendo de la historia propia, cree otra totalmente distinta de la nuestra tomando como punto de partida la última frase. Es un ejercicio literario clásico. Mis relatos encadenados están basados en él.
El formato sería el siguiente: abrir la entrada con un enlace al texto anterior, nuestra historia, dejar un hueco para posteriormente publicar el enlace del blogger que acepte nuestro reto y, en la parte inferior, ir añadiendo los títulos enlazados de todas las historias precedentes, de manera que solo haya que copiar y pegar las anteriores añadiendo el título de nuestro relato al final.
Suena complicado así que entenderé que esta idea caiga en el pozo del olvido blogosférico (menudo término). Si hay alguien interesado en participar me puede hacer un comentario. Prometo crear una historia de partida para cada uno. Y si alguien quiere poner la idea por si mismo en práctica es libre de hacerlo.
Un saludo!
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